"Simón Bolivar"
Infancia
A sí mismo se llamó el Hombre de las Dificultades. No tuvo una infancia feliz ni una educación sistemática. Y los historiadores han acumulado adjetivos para intentar definir el carácter del niño Simón: Indómito y fogoso, trémulo, vigoroso, insolente, de nerviosidad excesiva, indisciplinado. "Un joven corazón sediento de ternura, en rebelión contra una suerte encarnizada en cavar vacíos irremediables a su alrededor". La respuesta siempre a flor de labios, de rápida comprensión y buena memoria, aunque falto de atención. Sensible, franco, impaciente, fácilmente desconcertado, de sentimientos apasionados y, por todo ello, de una cierta y prematura madurez. "Un barrilito de pólvora", le llamó su enérgico tutor Miguel José Sanz. "¡Huya, porque puedo quemarlo!", le respondió el niño Bolívar.
A sí mismo se llamó el Hombre de las Dificultades. No tuvo una infancia feliz ni una educación sistemática. Y los historiadores han acumulado adjetivos para intentar definir el carácter del niño Simón: Indómito y fogoso, trémulo, vigoroso, insolente, de nerviosidad excesiva, indisciplinado. "Un joven corazón sediento de ternura, en rebelión contra una suerte encarnizada en cavar vacíos irremediables a su alrededor". La respuesta siempre a flor de labios, de rápida comprensión y buena memoria, aunque falto de atención. Sensible, franco, impaciente, fácilmente desconcertado, de sentimientos apasionados y, por todo ello, de una cierta y prematura madurez. "Un barrilito de pólvora", le llamó su enérgico tutor Miguel José Sanz. "¡Huya, porque puedo quemarlo!", le respondió el niño Bolívar.
Un jueves de vigilia, en la noche del 24 de julio de 1783, nació Simón Bolívar en la mansión familiar de la plaza de San Jacinto, a cinco cuadras de la catedral, en la ciudad de Santiago de León de Caracas, que así se llamaba entonces y que alberga unos 40.000 habitantes. Su padre, don Juan Vicente de Bolívar y Ponte (1726-1786) era Procurador General de Caracas, Administrador de la Real Hacienda; Corregidor de La Victoria y San Mateo y, ese mismo año, jefe con el grado de coronel del Batallón de los valles de Aragua de las milicias regladas y comandante de la Compañía de volantes del río Yaracuy, lo que ejercía a través de un oficial nombrado por él; era, además, regidor del Cabildo, cargo que los Bolívar desempeñaban a perpetuidad. Su madre, doña María de la Concepción Palacios y Blanco (1758-1792), era descendiente de Francisco Infante, uno de los que acompañaron a Diego Losada en la fundación de Caracas, una "agraciada mujer, educada y muy sociable", a la vez que diligente y hábil en el manejo de los bienes familiares.
Los dos pertenecían al estamento noble de Venezuela, con tradiciones de riqueza, bienestar y preeminencia social. El primer Simón Bolívar, llegado a Caracas en 1598 (a Santo Domingo hacia 1557) también fue Procurador General y primer Regidor Perpetuo de Caracas, y más tarde Contador General de la Real Hacienda. Su hijo, Simón Bolívar, el Mozo, cuarto abuelo paterno del Libertador, obtuvo en 1593 la encomienda de los indios Quiriquire en el valle de San Mateo, ingenio azucarero y hacienda favorita de los Bolívar hasta los día del Libertador. La familia Palacios, por su parte, ostentaba el título consuetudinario de Alférez (abanderado) Real, confirmado una vez más en 1792 a don Feliciano Palacios y Sojo, abuelo del Libertador. Ellos eran dueños de las minas de cobre de Cocorote, del señorío de Aroa, de la hacienda de añil en el valle de Suata, de los hatos de ganado del Totumo y Limón en los Llanos y de la propia casona donde nació Simón Bolívar. Al enviudar, la madre adquiere todavía más: una hacienda de cacao en Tacarigua, otra en Guacarapa y una finca en Chacao, donde inicia una plantación de café. A todo esto se suma la Cuadra Bolívar, donde doña Concepción Palacios construye una quinta de recreo, frecuente sitio de reunión de la mejor sociedad caraqueña.
A la copiosa fortuna familiar vino a añadirse la herencia que directamente y para su disfrute personal vino a recibir Simón cuando sólo contaba con dieciocho meses de vida, de parte su tío el presbitero Juan Félix Jerez de Aristeguieta y Bolívar: su casa de la capital, situada en la esquina de las Gradillas, entre la catedral y el palacio del obispo, y las haciendas de San José en el valle del Tuy, de La Concepción en el valle de Taguaza, y la de Santo Domingo de Guzmán en el valle de Macayra, en total, 95 mil árboles de cacao y los respectivos y numerosos esclavos. Este vínculo obligaba al heredero a bautizar a su primogénito con los nombres y apellidos de Juan Félix Bolívar y Aristeguieta, sin contemplación del apellido materno, y a casarse "con persona noble e igual, a gusto de mis parientes y especialemente de sus padres y mayores". Cuando el joven Bolívar regresó a Caracas recién casado con María Teresa Rodríguez del Toro, sobrina del marqués del Toro, en 1802, la pareja se alojó precisamente en la "casa del vínculo", antes de seguir hacia la hacienda de San Mateo.
Pertenecía el futuro Libertador a lo más granado de los mantuanos puros de Caracas, esto es, "a las familias cuyas mujeres tenían derecho a ir a la iglesia con el manto característico del rango más alto de la sociedad". Los Bolívar tenían capilla propia en la catedral, la de la Santísima Trinidad, que vino a ser mausoleo de la familia. Además, su abuelo don Juan de Bolívar Villegas, teniente general de los ejércitos españoles y fundador de la villa de San Luis de Cura, había pagado al monasterio de Montserrat, de Madrid, la suma de veintidós mil ducados para adquirir un título de Castilla, que el rey había concedido a los monjes benedictinos para atender al mantenimiento de su convento. Este título sería el de marqués de San Luis, con el vizcondado previo (o sea, para uso del primogénito en vida del padre) de Corocote. Andado el tiempo, en 1792, el tío Esteban Palacios, padrino de confirmación de Bolívar, viaja a Madrid con el encargo de gestionar la confirmación de ese título para Juan Vicente Bolívar, hermano mayor del Libertador, y para el pequeño Simón, el de conde de Casa Palacios; sin embargo, las gestiones se dilataron durante años y los despachos correspondientes nunca se recibieron.
Con dispensa del obispo, el niño Bolívar fue bautizado en su casa natal por su tío el padre Jerez, con los nombres de Simón José Antonio de la Santísima Trinidad (a los nombres de antepasados se sumó el de la Trinidad, la advocación de su capilla en la catedral). Fue su nodriza de leche doña Inés Mancebo, esposa de Fernando de Miyares, más tarde gobernador de Maracaibo y gobernador general de Venezuela, una dama cubana, vecina e íntima amiga de doña Concepción; en 1813 Bolívar recomendará al gobernador de Barinas: "Cuanto Ud. haga en favor de esta señora corresponde a la gratitud que un corazón como el mío sabe guardar a la que me alimentó como madre. Fue ella la que en mis primeros meses me arrullo en su seno. ¿Qué más recomendación que esa para el que sabe amar y agradecer como yo?" No obstante, su ama de cría fue la esclava negra Hipólita, de la hacienda de San Mateo; Bolívar, en carta a su hermana María Antonia, dice lo siguiente en 1825 : "Te mando una carta de mi madre Hipólita para que le des todo lo que ella quiere; para que hagas por ella como si fuera tu madre: su leche ha alimentado mi vida, y no he conocido otro padre que ella". Al lado de Hipólita estaba también la negra Matea, aya o niñera del Libertador, apenas diez años mayor que él, para atenderle y compartir sus juegos; vivió largos años en San Mateo, donde presenció el ataque de José Tomás Boves a la hacienda y el sacrificio de Antonio Ricaurte en 1814, y entró del brazo del presidente Antonio Guzmán Blanco cuando los restos del Libertador fueron trasladados al Panteón Nacional de Caracas en 1876.
Pero todas las esperanzas que la buena fortuna le habían deparado a Bolívar se truncaron cuando la muerte comenzó a ensañarse en los suyos, empezando por su padre. Don Juan Vicente, que se había casado tardíamente a los 46 años con una joven de 14, falleció el 19 de enero de 1786, a los 60 años. La viuda tenía 27 años, Simón tres, su hermana María Antonia nueve, Juana siete y Juan Vicente cinco. Los dos primeros tenían el pelo oscuro y la tez pálida, los otros dos eran rubios y sonrosados.
En la biblioteca paterna, Simón encontró las Comedias de Calderón de la Barca y las Vidas paralelas de Plutarco, uno de los autores que llegaría a reconocer entre sus preferidos; en sus páginas leería las biografías de los hombres ilustres y de los héroes militares de la antigüedad griega y latina, comparados. También tuvo a mano los trece volúmenes de las Ordenanzas militares, el Teatro critico universal del padre Feijoo, los sermones de Bossuet y los quince tomos del Espectáculo de la Naturaleza del abate Pluche.
JUVENTUD
Son escasos los datos que hablan de Bolívar antes de su viudez; es decir, antes de 1803 cuando aún no había cumplido los 20 años de edad. Se sabe que en su juventud era una persona muy voluntariosa y amante de la libertad, cualidades éstas que puso de manifiesto a la edad de 12 años, al pretender librarse del yugo de su tutor Don Carlos Palacios, su tío materno, concepto éste que, como una obsesión, exaltó durante el resto de su vida y que hizo exclusivamente suyo a partir de su juramento en el Monte Sacro, en Roma, el 15 de agosto de 1805 y que sostuvo con temple de gran tribuno el día 3 de julio de 1811, en la Asamblea de la Sociedad Patriótica, dando origen al nacimiento de la República al proclamar el Congreso Nacional, el día (5 de julio), la independencia de Venezuela.
Son escasos los datos que hablan de Bolívar antes de su viudez; es decir, antes de 1803 cuando aún no había cumplido los 20 años de edad. Se sabe que en su juventud era una persona muy voluntariosa y amante de la libertad, cualidades éstas que puso de manifiesto a la edad de 12 años, al pretender librarse del yugo de su tutor Don Carlos Palacios, su tío materno, concepto éste que, como una obsesión, exaltó durante el resto de su vida y que hizo exclusivamente suyo a partir de su juramento en el Monte Sacro, en Roma, el 15 de agosto de 1805 y que sostuvo con temple de gran tribuno el día 3 de julio de 1811, en la Asamblea de la Sociedad Patriótica, dando origen al nacimiento de la República al proclamar el Congreso Nacional, el día (5 de julio), la independencia de Venezuela.
Su educación
La educación de Bolívar en esta primera etapa de su vida, estuvo a cargo de varios maestros: Fernando Vides, Carrasco, el Presbítero José Antonio Negrete, Guillermo Pelgrón12 (Lengua latina y Gramática), Simón Narciso Rodríguez (Maestro Principal de Primeras Letras de Caracas), Andrés Bello (Literatura y Geografía), Fray Francisco de Andújar (Matemáticas) y su pariente el Padre Sojo. Su madre no escatimó en gastos para darle a su hijo una buena educación. De todos los maestros citados, Simón Rodríguez, quien se ausentó del país a finales de 1797, fue el que más influyó en su formación, y así lo reconoció Bolívar en varias oportunidades.
La educación de Bolívar en esta primera etapa de su vida, estuvo a cargo de varios maestros: Fernando Vides, Carrasco, el Presbítero José Antonio Negrete, Guillermo Pelgrón12 (Lengua latina y Gramática), Simón Narciso Rodríguez (Maestro Principal de Primeras Letras de Caracas), Andrés Bello (Literatura y Geografía), Fray Francisco de Andújar (Matemáticas) y su pariente el Padre Sojo. Su madre no escatimó en gastos para darle a su hijo una buena educación. De todos los maestros citados, Simón Rodríguez, quien se ausentó del país a finales de 1797, fue el que más influyó en su formación, y así lo reconoció Bolívar en varias oportunidades.
Además de las enseñanzas recibidas en Caracas, Bolívar hizo unos cursos de matemáticas en la Academia de San Fernando en Madrid; también estudió por breve tiempo en la Ecole Royale Milítaire de Soreze, al sur de Francia, en 1802. En Madrid, en donde permaneció cerca de dos años (1799-1802), Bolívar cultivó definitivamente su talento y logró una educación sólida; estudió francés e inglés, bajo la inspección de su representante, e1 Marqués Jerónimo Ustáriz y Tovar, quien en Caracas, en su propia residencia, brindó a Bolívar el mejor ambiente para su formación intelectual y en donde pudo superar las fallas de la educación que ya había recibido, pues tuvo la fortuna de convivir con un hombre muy versado en la ideología del siglo XVIII, buen lector de la literatura clásica y poseedor de una magnífica y voluminosa biblioteca, con obras de excelentes y renombrados autores, con cuyas lecturas se embebía el joven Simón Bolívar.
Personajes que influyeron en su formación
Fueron ejemplos de mucho peso que influyeron en una u otra forma, en la actuación de Bolívar en su edad adulta, o sea en la segunda etapa de su vida enmarcada dentro del período 1804-1827, el mismo maestro Don Simón Rodríguez, el siempre preferido y bien recordado por el alumno; el precursor Francisco de Miranda, el sabio Barón alemán Alejandro de Humboldt, el botánico francés Amadeo Bompland, Napoleón Bonaparte, el Marqués de Ustáriz, Tomás Jefferson, (Presidente de los Estados Unidos, 1801-1809), el escritor francés Carlos de Secondat Montesquieu (1689-1755), el escritor de lengua francesa Juan Jacobo Rousseau (1712-1778), Francisco María Arouet Voltaire (1694-1778), el filósofo Denis Diderot (1713-1784), el filósofo inglés John Locke (1632-1704), y el filósofo francés Etienne Bonnet de Condillac (1714-1780).
Fueron ejemplos de mucho peso que influyeron en una u otra forma, en la actuación de Bolívar en su edad adulta, o sea en la segunda etapa de su vida enmarcada dentro del período 1804-1827, el mismo maestro Don Simón Rodríguez, el siempre preferido y bien recordado por el alumno; el precursor Francisco de Miranda, el sabio Barón alemán Alejandro de Humboldt, el botánico francés Amadeo Bompland, Napoleón Bonaparte, el Marqués de Ustáriz, Tomás Jefferson, (Presidente de los Estados Unidos, 1801-1809), el escritor francés Carlos de Secondat Montesquieu (1689-1755), el escritor de lengua francesa Juan Jacobo Rousseau (1712-1778), Francisco María Arouet Voltaire (1694-1778), el filósofo Denis Diderot (1713-1784), el filósofo inglés John Locke (1632-1704), y el filósofo francés Etienne Bonnet de Condillac (1714-1780).
Colaboradores del exterior que se ofrecieron a Bolívar
Entre el período 1823 al 1828, según el eminente historiador Rafael Fernández Heres, en su ensayo Bolívar y Lancaster, publicado junto con otros nueve ensayos por la Sociedad Bolivariana de Venezuela en la obra Simón Bolívar 1783-1983, el Libertador recibió muchas ofertas de colaboración por parte de especialistas y científicos extranjeros, autores de trabajos e investigaciones ya realizados por ellos, que querían se pusiesen en práctica en la Gran Colombia, y cita los siguientes (p. 29-30): Jeremías Benthan, en el campo de la legislación, Londres, 13 de agosto de 1825; Charles Kersall, con su obra Geográfica, 1825; Juan Nicolás Brunner, Lambert Pelegrin y Francisco Avon, junto con otros, se ofrecen para fundar una gran Universidad en Colombia, 1825; Luis Sadoux y Celestine Charrier, profesores franceses de física y matemáticas en el colegio San Louis Le Grand de París, 1826; Nicolás Appert, pedagogo francés, en el envío de obras útiles para las clases menesterosas, París, 30 de agosto de 1827; Rodolfo Akerman, tecnólogo y editor, en el envío de obras, 1828; y, Joseph Lancaster, quien le manifiesta su deseo de establecerse en Colombia para introducir un sistema de educación perfeccionado y reformado, entre la juventud de esa nación, Baltimore, 5 de mayo de 1823.
Entre el período 1823 al 1828, según el eminente historiador Rafael Fernández Heres, en su ensayo Bolívar y Lancaster, publicado junto con otros nueve ensayos por la Sociedad Bolivariana de Venezuela en la obra Simón Bolívar 1783-1983, el Libertador recibió muchas ofertas de colaboración por parte de especialistas y científicos extranjeros, autores de trabajos e investigaciones ya realizados por ellos, que querían se pusiesen en práctica en la Gran Colombia, y cita los siguientes (p. 29-30): Jeremías Benthan, en el campo de la legislación, Londres, 13 de agosto de 1825; Charles Kersall, con su obra Geográfica, 1825; Juan Nicolás Brunner, Lambert Pelegrin y Francisco Avon, junto con otros, se ofrecen para fundar una gran Universidad en Colombia, 1825; Luis Sadoux y Celestine Charrier, profesores franceses de física y matemáticas en el colegio San Louis Le Grand de París, 1826; Nicolás Appert, pedagogo francés, en el envío de obras útiles para las clases menesterosas, París, 30 de agosto de 1827; Rodolfo Akerman, tecnólogo y editor, en el envío de obras, 1828; y, Joseph Lancaster, quien le manifiesta su deseo de establecerse en Colombia para introducir un sistema de educación perfeccionado y reformado, entre la juventud de esa nación, Baltimore, 5 de mayo de 1823.
Otros datos referentes a su niñez y juventud
Otros datos referidos a su niñez y juventud lo constituyen: a) La Partida de Bautismo de Simón Bolívar, el 30 de julio de 1783, o sea 6 días después de su nacimiento; b) Partida de Defunción del Coronel Don Juan Vicente Bolívar, el 20 de enero de 1786, o sea que a los 2 años, 5 meses y 26 días, el Libertador quedó huérfano de Padre, quien había contraído matrimonio con Doña Concepción Palacios Blanco, madre del Libertador, el 30 de noviembre de 1773; c) Partida de Confirmación de Don Simón Bolívar, el 11 de abril de 1790, o sea que fue confirmado a los 6 años, 8 meses y 17 días de nacido; d) Partida de Defunción de Doña Concepción Palacios y Blanco, el 6 de junio deCon la muerte de Torres hemos perdido a un compañero digno de amor; el Ejército, un soldado de gran mérito, y la República, uno de sus hombres de esperanza para el día de la paz.
Con valor se acaban los males.
Compatriotas: Vosotros me honráis con el título de Libertador. Los oficiales, los soldados, el ejército: ved ahí a los libertadores.
Con valor se acaban los males.
Compatriotas: Vosotros me honráis con el título de Libertador. Los oficiales, los soldados, el ejército: ved ahí a los libertadores.
1792, es decir que Bolívar quedó huérfano de madre a los 8 años, 11 meses y 13 días; e) El 3 de diciembre de 1793, muere Don Feliciano Palacios y Sojo, quien estaba a cargo de la tutela de los muchachos. f) Partida de Bautismo de la Señora María Teresa del Toro y Alaiza, en Madrid, el 15 de octubre de 1781 (el mismo día de su nacimiento); g) Partida de Matrimonio de Don Simón Bolívar con Doña María Teresa Rodríguez del Toro, en Madrid, el 26 de mayo de 1802, quien contaba con 20 años, 7 meses y 11 días de edad y su recién esposo cumplía 18 años, 10 meses y 2 días de edad; h) Partida de Defunción de Doña María Teresa Rodríguez del Toro, el 22 de enero de 1803. Apenas duraron 7 meses y 27 días de casados, quedando viudo el Libertador a la edad de 19 años, 5 meses y 29 días. No dejó descendencia. En resumen, Simón Bolívar quedó huérfano de padre a los 2 años, 5 meses y 26 días; huérfano de madre a la edad de 8 años, 11 meses y 13 días; y, viudo a los 19 años, 5 meses y 29 días, o sea que no había cumplido los 20 años, cuando se le murieron sus seres más queridos, quedando completamente huérfano del cariño hogareño, lo cual transformó por completo su vida futura, que de no suceder, jamás Bolívar hubiese sido el Libertador de América, ni el héroe de mayor fama mundial de esa época.
Bolívar y la masonería
Un aspecto de la actitud voluntariosa y de curiosidad de Bolívar, apenas en su inicio de su segunda época de su vida, al cumplir los 22 años de edad y que ha sido utilizada con insistencia por sus enemigos para denigrar de él y pretender perjudicarlo, fue su decisión de inscribirse en la logia masónica francesa denominada de San Alejandro de Escocia, el 27 de diciembre de 1805, en donde comenzó como Aprendiz; a las dos semanas pasó al grado de Compañero, cuando se requería por el Reglamento, un mínimo de 5 meses (o 5 tenidas) en el grado de Aprendiz. Para llegar al grado de Maestro se exigía haber permanecido 7 meses en el grado de Compañero, a la cual escaló a principios de enero de 1806, y ya para este último año figuraba como Maestro, o sea en el tercero de los grados simbólicos de la masonería. Los lapsos establecidos por el Reglamento podían reducirse previo el pago de una tasa especial por la dispensa. Su efímera pasantía por la logia llegó hasta el año 1806, cuando se salió de ella y más nunca participó en ninguno de sus actos. El mismo Libertador se lo confirma al Coronel Luis Perú de Lacroix13, quien si era masón, cuya confidencia aparece en su libro el Diario de Bucaramanga en su relato de fecha 11 de mayo de 1828, así: que también había tenido él la curiosidad de hacerse iniciar para ver de cerca lo que eran aquellos misterios, y que en París había sido recibido de Maestro, pero que aquel grado le había bastado para juzgar lo ridículo de la tal antigua asociación: que en las Logias había hallado algunos hombres de mérito, bastante fanáticos, muchos embusteros y muchos más tontos burlados: que todos los masones parecen unos niños grandes, jugando con señas, morisquetas, palabras hebraicas, cintas y cordones: que sin embargo la política y los intrigantes pueden sacar algún partido de esa sociedad secreta, pero que en el estado de civilización de Colombia, de fanatismo y de preocupaciones relígiosas en que están sus pueblos, no era político valerse de la masonería, porque para hacerse algunos partidarios en las logias se hubiera atraído el odio y la censura de toda la nación, movida entonces contra él por el clero y los frailes, que se hubieran valido de aquel pretexto: que por lo mismo poco podía hacerle ganar la masonería y mucho hacerle perder en la opinión.
Un aspecto de la actitud voluntariosa y de curiosidad de Bolívar, apenas en su inicio de su segunda época de su vida, al cumplir los 22 años de edad y que ha sido utilizada con insistencia por sus enemigos para denigrar de él y pretender perjudicarlo, fue su decisión de inscribirse en la logia masónica francesa denominada de San Alejandro de Escocia, el 27 de diciembre de 1805, en donde comenzó como Aprendiz; a las dos semanas pasó al grado de Compañero, cuando se requería por el Reglamento, un mínimo de 5 meses (o 5 tenidas) en el grado de Aprendiz. Para llegar al grado de Maestro se exigía haber permanecido 7 meses en el grado de Compañero, a la cual escaló a principios de enero de 1806, y ya para este último año figuraba como Maestro, o sea en el tercero de los grados simbólicos de la masonería. Los lapsos establecidos por el Reglamento podían reducirse previo el pago de una tasa especial por la dispensa. Su efímera pasantía por la logia llegó hasta el año 1806, cuando se salió de ella y más nunca participó en ninguno de sus actos. El mismo Libertador se lo confirma al Coronel Luis Perú de Lacroix13, quien si era masón, cuya confidencia aparece en su libro el Diario de Bucaramanga en su relato de fecha 11 de mayo de 1828, así: que también había tenido él la curiosidad de hacerse iniciar para ver de cerca lo que eran aquellos misterios, y que en París había sido recibido de Maestro, pero que aquel grado le había bastado para juzgar lo ridículo de la tal antigua asociación: que en las Logias había hallado algunos hombres de mérito, bastante fanáticos, muchos embusteros y muchos más tontos burlados: que todos los masones parecen unos niños grandes, jugando con señas, morisquetas, palabras hebraicas, cintas y cordones: que sin embargo la política y los intrigantes pueden sacar algún partido de esa sociedad secreta, pero que en el estado de civilización de Colombia, de fanatismo y de preocupaciones relígiosas en que están sus pueblos, no era político valerse de la masonería, porque para hacerse algunos partidarios en las logias se hubiera atraído el odio y la censura de toda la nación, movida entonces contra él por el clero y los frailes, que se hubieran valido de aquel pretexto: que por lo mismo poco podía hacerle ganar la masonería y mucho hacerle perder en la opinión.
Las relaciones entre la logia y Bolívar fueron a partir de 1807 de mucha indiferencia, pero después éstas se fueron recrudeciendo hasta llegar a convertirse en unos profundos enemigos. En este sentido, en carta que el Libertador le dirige al General Santander el 21 de octubre de 1825, llegó a tildar a todos los que formaban parte de la misma, como Malditos y Charlatanes. Posteriormente, el 8 de noviembre de 1828, el Libertador emitió un decreto prohibiendo su funcionamiento en Colombia, alegando que las sociedades secretas servían solamente para preparar los trastornos públicos, turbando la tranquilidad y el orden establecido; que ocultando ellas todas sus operaciones con el velo del misterio, hacen presumir fundadamente que no son buenas, ni útiles a la sociedad. Este decreto fue promulgado 1 mes y 13 días después del atentado en Bogotá contra Bolívar, en la noche del 25 de septiembre de 1828, y luego de haberse publicado en el órgano de la logia de esa ciudad, se encontró una nota que decía: Puede ser que Obando haga con Sucre lo que nosotros no pudimos hacer con Bolívar. Efectivamente Sucre fue asesinado a los 20 meses y nueve días después (4 de junio de 1830) del atentado contra Bolívar, en Berruecos, a 13 leguas al Norte de Pasto (Colombia), bajo la responsabilidad de personas que pertenecían a la francmasonería.
Edictos de los gobernadores eclesiásticos de Bogotá
adores eclesiásticos de BogotáEl 3 de diciembre de 1814, los Gobernadores eclesiásticos de Bogotá, lanzaron un edicto contra las tropas del Gobierno General y su Jefe el Libertador, con el pretexto de que ellos venían a saquear las iglesias, perseguir los sacerdotes, destruir la religión, violar las vírgenes y degollar a los hombres y niños, el cual fue interpretado por Bolívar como una excomunión, que luego fue revocado el 16 de diciembre del mismo año con otro edicto en el cual argumentaban todo lo contrario: que Bolívar era un buen y fiel católico. Entre uno y otro sólo transcurrieron 13 días de diferencia, aduciendo los Gobernadores del Arzobispado de Santa Fe, haber sido guiados por falsos informes. En la Nota pasada por Bolívar a los Gobernadores del Arzobispado, con fecha 15 de diciembre de 1814, les expresa que en el tal edicto (del 3 de diciembre) se había denigrado de su carácter y se le había pintado impío e irreligioso, así como autores de muchos delitos contra las personas y las cosas; pero que jamás ha tomado -alega el Libertador- las armas sino para libertar y que en medio de los combates ha confiado siempre en que mi religiosidad contribuyese a mi fortuna, pero que es injusto abusar así de la credulidad de un pueblo que tiene tal confianza en sus sacerdotes. El Libertador espera de ellos procuren reponer su opinión a los ojos de la multitud por medio de una pastoral digna del ministerio de U.U.S.S. y de la verdad14.
adores eclesiásticos de BogotáEl 3 de diciembre de 1814, los Gobernadores eclesiásticos de Bogotá, lanzaron un edicto contra las tropas del Gobierno General y su Jefe el Libertador, con el pretexto de que ellos venían a saquear las iglesias, perseguir los sacerdotes, destruir la religión, violar las vírgenes y degollar a los hombres y niños, el cual fue interpretado por Bolívar como una excomunión, que luego fue revocado el 16 de diciembre del mismo año con otro edicto en el cual argumentaban todo lo contrario: que Bolívar era un buen y fiel católico. Entre uno y otro sólo transcurrieron 13 días de diferencia, aduciendo los Gobernadores del Arzobispado de Santa Fe, haber sido guiados por falsos informes. En la Nota pasada por Bolívar a los Gobernadores del Arzobispado, con fecha 15 de diciembre de 1814, les expresa que en el tal edicto (del 3 de diciembre) se había denigrado de su carácter y se le había pintado impío e irreligioso, así como autores de muchos delitos contra las personas y las cosas; pero que jamás ha tomado -alega el Libertador- las armas sino para libertar y que en medio de los combates ha confiado siempre en que mi religiosidad contribuyese a mi fortuna, pero que es injusto abusar así de la credulidad de un pueblo que tiene tal confianza en sus sacerdotes. El Libertador espera de ellos procuren reponer su opinión a los ojos de la multitud por medio de una pastoral digna del ministerio de U.U.S.S. y de la verdad14.
Dentro del lapso de los dos edictos, o sea el 9 de diciembre de 1814, Bolívar, en carta escrita a Juan Jurado, le manifiesta su gran preocupación por los comentarios desfavorables que circulaban contra él, diciéndole: Esos cobardes tanto como fanáticos me llaman irreligioso y me nombran Nerón
Bolívar, creyente católico
Demostrar que Bolívar era un verdadero creyente y que nunca dejó de ser un fervoroso católico, devoto desde su niñez, junto con toda su familia, de la Santísima Trinidad, constituye el tema principal de la presente obra, intitulada Bolívar Católico, de Monseñor Alfonso de Jesús Alfonzo Vaz, quien le dedica la mayor parte de su libro a transcribir una numerosa documentación que vinculan la fe del Libertador a la religión católica, a Dios , a la Santísima Trinidad y a la Virgen de Coromoto. El objetivo principal del autor es el querer comprobar ante la humanidad, que el Libertador era un creyente convencido, en razón a la opinión de sus enemigos que quieren hacer ver todo lo contrario, no le fue tarea difícil por la abundancia de documentos que pudo recopilar a través de sus investigaciones, tanto en los Archivos Nacionales, Europeos y Colombianos, como en las distintas colecciones de documentos que sobre Bolívar han sido editadas por el Gobierno Nacional y por otras instituciones, públicas y privadas, dedicadas a la divulgación de nuestra historia.
Demostrar que Bolívar era un verdadero creyente y que nunca dejó de ser un fervoroso católico, devoto desde su niñez, junto con toda su familia, de la Santísima Trinidad, constituye el tema principal de la presente obra, intitulada Bolívar Católico, de Monseñor Alfonso de Jesús Alfonzo Vaz, quien le dedica la mayor parte de su libro a transcribir una numerosa documentación que vinculan la fe del Libertador a la religión católica, a Dios , a la Santísima Trinidad y a la Virgen de Coromoto. El objetivo principal del autor es el querer comprobar ante la humanidad, que el Libertador era un creyente convencido, en razón a la opinión de sus enemigos que quieren hacer ver todo lo contrario, no le fue tarea difícil por la abundancia de documentos que pudo recopilar a través de sus investigaciones, tanto en los Archivos Nacionales, Europeos y Colombianos, como en las distintas colecciones de documentos que sobre Bolívar han sido editadas por el Gobierno Nacional y por otras instituciones, públicas y privadas, dedicadas a la divulgación de nuestra historia.
Bolívar se formó en una familia profundamente religiosa. Su fe católica proviene de vieja data, a partir del siglo XVI (1590), con Simón Bolívar el Viejo, quien, según relata Pío Bello Ricardo en su ensayo Bolívar y la Iglesia, publicado en el Anuario de Estudios Bolivarianos, Universidad Simón Bolívar, N°. 1, 1990, obtuvo de Felipe II la fundación del Seminario de Caracas. Su hijo, Simón Bolívar el Mozo, obtuvo el patronato de la Capilla de Santísima Trinidad en la Catedral de Caracas, y ordenado sacerdote después de haber quedado viudo.
Simón Bolívar fue bautizado el 30 de julio de 1783, por un primo sacerdote, de nombre Juan Félix Jerez Aristiguieta, canónigo doctoral de la Catedral; fue siempre un gran devoto del Santo Misterio de la Santísima Trinidad, como se comprueba de sus correspondencias particulares de fecha 25 de mayo de 1823, dirigida a su sobrino Anacleto Clemente, desde Guayaquil; a su hermana María Antonia, el 25 de julio de 1825, y en carta de ella a Bolívar, en el mismo año, así lo expresa.
Entre sus maestros figuraron dos sacerdotes: Fray Francisco Andújar (matemáticas), y el Presbítero José Antonio Negrete (historia y religión).
El autor Pío Bello Ricardo, refiere que el Presbítero Gustavo Oquendo, investigador de la historia eclesiástica de Venezuela, en su artículo Perspectiva Religiosa del Libertador, observa atinadamente que donde puede reconocerse con mayor garantía de autenticidad la mentalidad de una persona es en su correspondencia, aquella que no está dirigida a un auditorio, culto o sencillo ante el cual pueda presumirse la intención del subyacente de congraciarse. Esto vale para cualquier correspondencia no destinada a la publicación, pero de manera especial para la del Libertador, escrita tan frecuentemente a vuela pluma, y a la que él mismo se refería cuando escribía a Santander: No mande Ud., publicar mis cartas, ni vivo ni muerto, porqué ellas están escritas con mucha libertad y con mucho desorden.
Continúa Pío Bello diciendo que en el artículo mencionado indica el Pbro. Oquendo haber detectado no menos de doscientos treinta y ocho pasajes en los que aparece con genuina autenticidad la visión religiosa del Libertador, y no solamente cuando escribe a sus familiares (a su tío Pedro Palacios y Sojo, a su hermana María Antonia, a su sobrino Anacleto Clemente), o a sacerdotes y obispos, sino cuando se dirige a personas como Páez, Sucre, Santander, San Martín, O'Higgins, o simples ciudadanos, casos estos últimos en los que la fraseología religiosa sólo tiene sentido como eco de una auténtica religiosidad interior.
En carta que el Libertador le escribiera desde Pasto, con fecha 10 de junio de 1822, al Obispo de Popayán, Salvador Jiménez de Enciso, en contestación a una de éste de fecha 7 del mismo mes, demuestra Bolívar ser -según interpretación -de Pío Bello Ricardo- un buen conocedor de la teología sobre la Iglesia y concretamente sobre la función episcopal, con cuyos argumentos logró que el Obispo cambiara de opinión y decidiera permanecer en el territorio de la República, y dos años más tarde actuar como intermediario pacificador frente a la rebelión de los pastusos, por encomienda del propio Libertador.
Recién viudo, el Libertador tuvo la oportunidad de visitar al Papa Pío VII. En 1828, el Libertador le escribió a Su Santidad León XII, para agradecerle el nombramiento de los primeros Obispos Republicanos. El 14 de septiembre de 1829, envió carta a Su Santidad el Papa Pío VIII15 , para felicitarlo por su exaltación al Trono Pontificio. Igualmente el Libertador mantuvo contacto epistolar -y para algunos lo fue también personal- con los siguientes Obispos: Narciso Coll y Prat, Caracas; Ramón Ignacio Méndez, Caracas; Rafael Lasso de La Vega, Mérida; Salvador Jiménez de Encizo, Popayán (Colombia); Fernando Caycedo, Bogotá; Leonardo Santander (Quito); José Calixto de Orihuela (Cuzco) y, Juan Muzi, Arzobispo Filipense Vicario Apostólico en Chile.
El Libertador, en sus cartas oficiales o particulares, en sus proclamas, en sus discursos, en sus manifiestos y en sus mensajes, usó indistintamente para demostrar su fe cristiana e implorar la protección de Dios, las siguientes expresiones: Dios, Dios quiere, Dios guarde, Dios Omnipotente, Dios de los Ejércitos, Dios de la misericordia, Dios sabe, Dios de la humanidad, Dios que protege, Ante Dios, Quiera Dios, La Providencia, Providencia Divina, Divina Providencia, Ser Omnipotente, En el Señor y El Cielo. No se puede dudar de la fe católica que profesaba el Libertador, quien en casi todos sus escritos no vacilaba en manifestarlo, como se comprueba al leer la amplia documentación que transcribe el autor Monseñor Alfonzo Vaz en esta obra, que constituye una reedición aumentada y corregida de la primera que se publicó bajo el título Simón Bolívar: ¿Incrédulo o Creyente?, y que por haberse agotado, Monseñor Alfonzo Vaz, como gran admirador de Bolívar y defensor de su fe, se propuso a ampliarla y mejorarla, insistiendo en querer aclarar las dudas que aún puedan existir entre los mismos bolivarianos, pero muy especialmente para los que hoy ignoran la verdadera historia de Bolívar
Como epílogo de este comentario, a manera de Introducción, consideramos que la mejor de las pruebas para sustentar la religiosidad de Bolívar la encontramos en su Testamento, elaborado siete días antes de su muerte por el propio Libertador. y en el mismo declara estar gravemente enfermo, pero en mí entero y cabal juicio, memoria y entendimiento natural, creyendo y confesando como firmemente creo y confieso el alto y soberano Misterio de la Beatísima y Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios verdadero; y en todos los demás misterios que cree, predica y enseña nuestra Santa Madre Iglesia, Católica, Apostólica, Romana, bajo cuya Te y creencia he vivido y protesto vivir hasta la muerte como católico fiel cristiano.
Llegado el momento de la triste despedida, el 17 de diciembre de 1830, fecha inolvidable para los países que integraron la Gran Colombia, como también de muchos otros que se han sumado a la admiración de los venezolanos por el gran héroe. Bolívar al morir, se le cumplió el deseo que expusiera ante un grupo de amigos cuando ya se sentía enfermo: Tienen razón ustedes, nobles amigos míos, por mi cuenta estaba dispuesto a irme, pero echado no debo hacerlo por el honor de Colombia. Además, me siento morir, mi plazo se cumple y tengo que darle a Dios una cuenta terrible como terrible ha sido la agitación de mi vida, yo quiero morir rodeado de mis antiguos compañeros, con un sacerdote a mi lado y con el crucifijo en las manos, no me iré.
Así se opacó la vida del gran héroe, cuya voluntad de libertar a los países subyugados por la corona española, la forjó con el juramento de Monte Sacro, del cual nunca desistió. Apegado a la honra de Dios, luchó con perseverancia para lograrlo, a costa de su propia vida y a costa de la pérdida de sus posesiones. Perdonó a todos los que lo habían ofendido y perjudicado. Exoneró de la pena de muerte a quienes habían intentado asesinarlo. Siempre se comportó como un gran líder y como tal sabía que tenía que pagar un alto precio para mantener su liderazgo. Su fe sobrevivió por encima de su propia vida. En ningún momento dejó de existir. Y por su fe triunfó frente a las conspiraciones, frente a las traiciones de sus propios compañeros, frente a las calumnias y frente a la actitud de los desagradecidos que se beneficiaron con su ayuda, gracias a su sabiduría y a su valor, que supo emplear hasta el día de su expiración.
Bolívar, como héroe, enmarcó su acción guiado por una necesidad superior a su propio interés personal. Vivió para hacer el bien y para dar gloria a varias naciones y murió como fiel cristiano, invocando en su testamento el misterio de la Beatísima y Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios verdadero
1792, es decir que Bolívar quedó huérfano de madre a los 8 años, 11 meses y 13 días; e) El 3 de diciembre de 1793, muere Don Feliciano Palacios y Sojo, quien estaba a cargo de la tutela de los muchachos. f) Partida de Bautismo de la Señora María Teresa del Toro y Alaiza, en Madrid, el 15 de octubre de 1781 (el mismo día de su nacimiento); g) Partida de Matrimonio de Don Simón Bolívar con Doña María Teresa Rodríguez del Toro, en Madrid, el 26 de mayo de 1802, quien contaba con 20 años, 7 meses y 11 días de edad y su recién esposo cumplía 18 años, 10 meses y 2 días de edad; h) Partida de Defunción de Doña María Teresa Rodríguez del Toro, el 22 de enero de 1803. Apenas duraron 7 meses y 27 días de casados, quedando viudo el Libertador a la edad de 19 años, 5 meses y 29 días. No dejó descendencia. En resumen, Simón Bolívar quedó huérfano de padre a los 2 años, 5 meses y 26 días; huérfano de madre a la edad de 8 años, 11 meses y 13 días; y, viudo a los 19 años, 5 meses y 29 días, o sea que no había cumplido los 20 años, cuando se le murieron sus seres más queridos, quedando completamente huérfano del cariño hogareño, lo cual transformó por completo su vida futura, que de no suceder, jamás Bolívar hubiese sido el Libertador de América, ni el héroe de mayor fama mundial de esa época.
Bolívar y la masonería:
Un aspecto de la actitud voluntariosa y de curiosidad de Bolívar, apenas en su inicio de su segunda época de su vida, al cumplir los 22 años de edad y que ha sido utilizada con insistencia por sus enemigos para denigrar de él y pretender perjudicarlo, fue su decisión de inscribirse en la logia masónica francesa denominada de San Alejandro de Escocia, el 27 de diciembre de 1805, en donde comenzó como Aprendiz; a las dos semanas pasó al grado de Compañero, cuando se requería por el Reglamento, un mínimo de 5 meses (o 5 tenidas) en el grado de Aprendiz. Para llegar al grado de Maestro se exigía haber permanecido 7 meses en el grado de Compañero, a la cual escaló a principios de enero de 1806, y ya para este último año figuraba como Maestro, o sea en el tercero de los grados simbólicos de la masonería. Los lapsos establecidos por el Reglamento podían reducirse previo el pago de una tasa especial por la dispensa. Su efímera pasantía por la logia llegó hasta el año 1806, cuando se salió de ella y más nunca participó en ninguno de sus actos. El mismo Libertador se lo confirma al Coronel Luis Perú de Lacroix13, quien si era masón, cuya confidencia aparece en su libro el Diario de Bucaramanga en su relato de fecha 11 de mayo de 1828, así: que también había tenido él la curiosidad de hacerse iniciar para ver de cerca lo que eran aquellos misterios, y que en París había sido recibido de Maestro, pero que aquel grado le había bastado para juzgar lo ridículo de la tal antigua asociación: que en las Logias había hallado algunos hombres de mérito, bastante fanáticos, muchos embusteros y muchos más tontos burlados: que todos los masones parecen unos niños grandes, jugando con señas, morisquetas, palabras hebraicas, cintas y cordones: que sin embargo la política y los intrigantes pueden sacar algún partido de esa sociedad secreta, pero que en el estado de civilización de Colombia, de fanatismo y de preocupaciones relígiosas en que están sus pueblos, no era político valerse de la masonería, porque para hacerse algunos partidarios en las logias se hubiera atraído el odio y la censura de toda la nación, movida entonces contra él por el clero y los frailes, que se hubieran valido de aquel pretexto: que por lo mismo poco podía hacerle ganar la masonería y mucho hacerle perder en la opinión.
Las relaciones entre la logia y Bolívar fueron a partir de 1807 de mucha indiferencia, pero después éstas se fueron recrudeciendo hasta llegar a convertirse en unos profundos enemigos. En este sentido, en carta que el Libertador le dirige al General Santander el 21 de octubre de 1825, llegó a tildar a todos los que formaban parte de la misma, como Malditos y Charlatanes. Posteriormente, el 8 de noviembre de 1828, el Libertador emitió un decreto prohibiendo su funcionamiento en Colombia, alegando que las sociedades secretas servían solamente para preparar los trastornos públicos, turbando la tranquilidad y el orden establecido; que ocultando ellas todas sus operaciones con el velo del misterio, hacen presumir fundadamente que no son buenas, ni útiles a la sociedad. Este decreto fue promulgado 1 mes y 13 días después del atentado en Bogotá contra Bolívar, en la noche del 25 de septiembre de 1828, y luego de haberse publicado en el órgano de la logia de esa ciudad, se encontró una nota que decía: Puede ser que Obando haga con Sucre lo que nosotros no pudimos hacer con Bolívar. Efectivamente Sucre fue asesinado a los 20 meses y nueve días después (4 de junio de 1830) del atentado contra Bolívar, en Berruecos, a 13 leguas al Norte de Pasto (Colombia), bajo la responsabilidad de personas que pertenecían a la francmasonería.
Edictos de los gobernadores eclesiásticos de Bogotá:
El 3 de diciembre de 1814, los Gobernadores eclesiásticos de Bogotá, lanzaron un edicto contra las tropas del Gobierno General y su Jefe el Libertador, con el pretexto de que ellos venían a saquear las iglesias, perseguir los sacerdotes, destruir la religión, violar las vírgenes y degollar a los hombres y niños, el cual fue interpretado por Bolívar como una excomunión, que luego fue revocado el 16 de diciembre del mismo año con otro edicto en el cual argumentaban todo lo contrario: que Bolívar era un buen y fiel católico. Entre uno y otro sólo transcurrieron 13 días de diferencia, aduciendo los Gobernadores del Arzobispado de Santa Fe, haber sido guiados por falsos informes. En la Nota pasada por Bolívar a los Gobernadores del Arzobispado, con fecha 15 de diciembre de 1814, les expresa que en el tal edicto (del 3 de diciembre) se había denigrado de su carácter y se le había pintado impío e irreligioso, así como autores de muchos delitos contra las personas y las cosas; pero que jamás ha tomado -alega el Libertador- las armas sino para libertar y que en medio de los combates ha confiado siempre en que mi religiosidad contribuyese a mi fortuna, pero que es injusto abusar así de la credulidad de un pueblo que tiene tal confianza en sus sacerdotes. El Libertador espera de ellos procuren reponer su opinión a los ojos de la multitud por medio de una pastoral digna del ministerio de U.U.S.S. y de la verdad14.
Dentro del lapso de los dos edictos, o sea el 9 de diciembre de 1814, Bolívar, en carta escrita a Juan Jurado, le manifiesta su gran preocupación por los comentarios desfavorables que circulaban contra él, diciéndole: Esos cobardes tanto como fanáticos me llaman irreligioso y me nombran Nerón.
Bolívar, creyente católico
Demostrar que Bolívar era un verdadero creyente y que nunca dejó de ser un fervoroso católico, devoto desde su niñez, junto con toda su familia, de la Santísima Trinidad, constituye el tema principal de la presente obra, intitulada Bolívar Católico, de Monseñor Alfonso de Jesús Alfonzo Vaz, quien le dedica la mayor parte de su libro a transcribir una numerosa documentación que vinculan la fe del Libertador a la religión católica, a Dios , a la Santísima Trinidad y a la Virgen de Coromoto. El objetivo principal del autor es el querer comprobar ante la humanidad, que el Libertador era un creyente convencido, en razón a la opinión de sus enemigos que quieren hacer ver todo lo contrario, no le fue tarea difícil por la abundancia de documentos que pudo recopilar a través de sus investigaciones, tanto en los Archivos Nacionales, Europeos y Colombianos, como en las distintas colecciones de documentos que sobre Bolívar han sido editadas por el Gobierno Nacional y por otras instituciones, públicas y privadas, dedicadas a la divulgación de nuestra historia.
Bolívar se formó en una familia profundamente religiosa. Su fe católica proviene de vieja data, a partir del siglo XVI (1590), con Simón Bolívar el Viejo, quien, según relata Pío Bello Ricardo en su ensayo Bolívar y la Iglesia, publicado en el Anuario de Estudios Bolivarianos, Universidad Simón Bolívar, N°. 1, 1990, obtuvo de Felipe II la fundación del Seminario de Caracas. Su hijo, Simón Bolívar el Mozo, obtuvo el patronato de la Capilla de Santísima Trinidad en la Catedral de Caracas, y ordenado sacerdote después de haber quedado viudo.
Simón Bolívar fue bautizado el 30 de julio de 1783, por un primo sacerdote, de nombre Juan Félix Jerez Aristiguieta, canónigo doctoral de la Catedral; fue siempre un gran devoto del Santo Misterio de la Santísima Trinidad, como se comprueba de sus correspondencias particulares de fecha 25 de mayo de 1823, dirigida a su sobrino Anacleto Clemente, desde Guayaquil; a su hermana María Antonia, el 25 de julio de 1825, y en carta de ella a Bolívar, en el mismo año, así lo expresa.
Entre sus maestros figuraron dos sacerdotes: Fray Francisco Andújar (matemáticas), y el Presbítero José Antonio Negrete (historia y religión).
El autor Pío Bello Ricardo, refiere que el Presbítero Gustavo Oquendo, investigador de la historia eclesiástica de Venezuela, en su artículo Perspectiva Religiosa del Libertador, observa atinadamente que donde puede reconocerse con mayor garantía de autenticidad la mentalidad de una persona es en su correspondencia, aquella que no está dirigida a un auditorio, culto o sencillo ante el cual pueda presumirse la intención del subyacente de congraciarse. Esto vale para cualquier correspondencia no destinada a la publicación, pero de manera especial para la del Libertador, escrita tan frecuentemente a vuela pluma, y a la que él mismo se refería cuando escribía a Santander: No mande Ud., publicar mis cartas, ni vivo ni muerto, porqué ellas están escritas con mucha libertad y con mucho desorden.
Continúa Pío Bello diciendo que en el artículo mencionado indica el Pbro. Oquendo haber detectado no menos de doscientos treinta y ocho pasajes en los que aparece con genuina autenticidad la visión religiosa del Libertador, y no solamente cuando escribe a sus familiares (a su tío Pedro Palacios y Sojo, a su hermana María Antonia, a su sobrino Anacleto Clemente), o a sacerdotes y obispos, sino cuando se dirige a personas como Páez, Sucre, Santander, San Martín, O'Higgins, o simples ciudadanos, casos estos últimos en los que la fraseología religiosa sólo tiene sentido como eco de una auténtica religiosidad interior.
En carta que el Libertador le escribiera desde Pasto, con fecha 10 de junio de 1822, al Obispo de Popayán, Salvador Jiménez de Enciso, en contestación a una de éste de fecha 7 del mismo mes, demuestra Bolívar ser -según interpretación -de Pío Bello Ricardo- un buen conocedor de la teología sobre la Iglesia y concretamente sobre la función episcopal, con cuyos argumentos logró que el Obispo cambiara de opinión y decidiera permanecer en el territorio de la República, y dos años más tarde actuar como intermediario pacificador frente a la rebelión de los pastusos, por encomienda del propio Libertador.
Recién viudo, el Libertador tuvo la oportunidad de visitar al Papa Pío VII. En 1828, el Libertador le escribió a Su Santidad León XII, para agradecerle el nombramiento de los primeros Obispos Republicanos. El 14 de septiembre de 1829, envió carta a Su Santidad el Papa Pío VIII15 , para felicitarlo por su exaltación al Trono Pontificio. Igualmente el Libertador mantuvo contacto epistolar -y para algunos lo fue también personal- con los siguientes Obispos: Narciso Coll y Prat, Caracas; Ramón Ignacio Méndez, Caracas; Rafael Lasso de La Vega, Mérida; Salvador Jiménez de Encizo, Popayán (Colombia); Fernando Caycedo, Bogotá; Leonardo Santander (Quito); José Calixto de Orihuela (Cuzco) y, Juan Muzi, Arzobispo Filipense Vicario Apostólico en Chile.
El Libertador, en sus cartas oficiales o particulares, en sus proclamas, en sus discursos, en sus manifiestos y en sus mensajes, usó indistintamente para demostrar su fe cristiana e implorar la protección de Dios, las siguientes expresiones: Dios, Dios quiere, Dios guarde, Dios Omnipotente, Dios de los Ejércitos, Dios de la misericordia, Dios sabe, Dios de la humanidad, Dios que protege, Ante Dios, Quiera Dios, La Providencia, Providencia Divina, Divina Providencia, Ser Omnipotente, En el Señor y El Cielo. No se puede dudar de la fe católica que profesaba el Libertador, quien en casi todos sus escritos no vacilaba en manifestarlo, como se comprueba al leer la amplia documentación que transcribe el autor Monseñor Alfonzo Vaz en esta obra, que constituye una reedición aumentada y corregida de la primera que se publicó bajo el título Simón Bolívar: ¿Incrédulo o Creyente?, y que por haberse agotado, Monseñor Alfonzo Vaz, como gran admirador de Bolívar y defensor de su fe, se propuso a ampliarla y mejorarla, insistiendo en querer aclarar las dudas que aún puedan existir entre los mismos bolivarianos, pero muy especialmente para los que hoy ignoran la verdadera historia de Bolívar.
Como epílogo de este comentario, a manera de Introducción, consideramos que la mejor de las pruebas para sustentar la religiosidad de Bolívar la encontramos en su Testamento, elaborado siete días antes de su muerte por el propio Libertador. y en el mismo declara estar gravemente enfermo, pero en mí entero y cabal juicio, memoria y entendimiento natural, creyendo y confesando como firmemente creo y confieso el alto y soberano Misterio de la Beatísima y Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios verdadero; y en todos los demás misterios que cree, predica y enseña nuestra Santa Madre Iglesia, Católica, Apostólica, Romana, bajo cuya Te y creencia he vivido y protesto vivir hasta la muerte como católico fiel cristiano.
Llegado el momento de la triste despedida, el 17 de diciembre de 1830, fecha inolvidable para los países que integraron la Gran Colombia, como también de muchos otros que se han sumado a la admiración de los venezolanos por el gran héroe. Bolívar al morir, se le cumplió el deseo que expusiera ante un grupo de amigos cuando ya se sentía enfermo: Tienen razón ustedes, nobles amigos míos, por mi cuenta estaba dispuesto a irme, pero echado no debo hacerlo por el honor de Colombia. Además, me siento morir, mi plazo se cumple y tengo que darle a Dios una cuenta terrible como terrible ha sido la agitación de mi vida, yo quiero morir rodeado de mis antiguos compañeros, con un sacerdote a mi lado y con el crucifijo en las manos, no me iré.
Así se opacó la vida del gran héroe, cuya voluntad de libertar a los países subyugados por la corona española, la forjó con el juramento de Monte Sacro, del cual nunca desistió. Apegado a la honra de Dios, luchó con perseverancia para lograrlo, a costa de su propia vida y a costa de la pérdida de sus posesiones. Perdonó a todos los que lo habían ofendido y perjudicado. Exoneró de la pena de muerte a quienes habían intentado asesinarlo. Siempre se comportó como un gran líder y como tal sabía que tenía que pagar un alto precio para mantener su liderazgo. Su fe sobrevivió por encima de su propia vida. En ningún momento dejó de existir. Y por su fe triunfó frente a las conspiraciones, frente a las traiciones de sus propios compañeros, frente a las calumnias y frente a la actitud de los desagradecidos que se beneficiaron con su ayuda, gracias a su sabiduría y a su valor, que supo emplear hasta el día de su expiración.
Bolívar, como héroe, enmarcó su acción guiado por una necesidad superior a su propio interés personal. Vivió para hacer el bien y para dar gloria a varias naciones y murió como fiel cristiano, invocando en su testamento el misterio de la Beatísima y Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios verdadero.
PENSAMIENTOSBOLIVARIANOS
Recopilación de Simón Bolívar, el hombre (*)
Bolívar, 1829
Firma de Simón Bolívar
INTRODUCCIÓN
Los programas educativos de escuelas liceos y universidades para las cátedras de historia, que incluyen el estudio de la vida y actividades de el Libertador, requieren además de las biografías del héroe y de libros, en donde se examinen sus actividades en diversos campos de publicaciones como ésta.Estos son breves pensamientos de nuestro Libertador Simón Bolívar, tomados de cartas, discursos y de sus documentos más significativos; no están referenciados, ni tienen un orden específico en el tema ni en el tiempo; están agrupados más o menos alfabéticamente, y representan su apreciación sobre infinidad de tópicos y permitirán al lector comprender el ideario del hombre y del estadista que hubo en él..La interpretación de muchos de ellos hay que hacerla dentro del contexto de lo que quiso decir Bolívar en una situación específica, y no lo que parece decir la frase por sí misma; error en el que caemos comúnmente al analizarlos como una frase aislada, interpretándolas dentro del contexto de nuestra cotidianidad y no dentro del tiempo en el cual fue pronunciada. No obstante a ello, esperemos que los bolivarianos de corazón saquemos de estos pensamientos alguna enseñanza para que quien dijo lo que a continuación sigue, realmente, "no arara en el mar"...
Simón Bolívar nos dijo:
... el que manda debe oír aunque sean las más duras verdades y, después de oídas, debe aprovecharse de ellas para corregir los males que produzcan los errores.
... elevar el monumento consagrado a nuestra reconciliación, a la tregua y al derecho común de los hombres. Bien merecía este monumento ser tallado sobre una mole de diamantes y esmaltado de jacintos y rubíes; pero construido en nuestros corazones.
...pero es dichosísimo aquel que corriendo por entre los escollos de la guerra, de la política y de las desgracias públicas, preserva su honor intacto y se presenta inocente a exigir a sus propios compañeros de infortunio una recta decisión sobre su inculpabilidad.
... Tú me pides que diga que no quiero a nadie. ¡Oh, no! A nadie amo; a nadie amaré. El altar que tu habitas no será profanado por otro ídolo ni por otra imagen...
¡Adiós Colombia! ¡Adiós Libertad! Tan preciosas ambas, ¿Como debemos perderlas sin llorar lágrimas de sangre?.
¡Caraqueños! Nacido ciudadano de Caracas, mi mayor ambición será conservar ese título; una vida privada entre vosotros será mi delicia, mi gloria y la venganza que espero tomar de mis enemigos.
¡Compadezcámonos mutuamente del pueblo que obedece y del hombre que manda solo!.
¡Cuán espantoso es no creer en la virtud!
¡Cuan superior es la suma de las luces a la suma de las riquezas.!
¡Felices aquellos que creen en un mundo mejor! Para mí, este es muy árido.
¡He proclamado la Libertad absoluta de los esclavos.!
¡No creo ninguna cosa tan corrosiva como la alabanza! Deleita al paladar pero corrompe las entrañas.
¡Soldados: la esperanza de las naciones está pendiente de vosotros; dad un nuevo día de gloria a vuestra patria...!
¿Cuán dichosos fuéramos si nuestra sabiduría se dejara conducir por la fortaleza?
¿Dejaremos perecer a Bolivia cuando es el gran trofeo de Ayacucho? No, mi querido general, salvémosla, porque es nuestra hija gratuita, de adopción: nos la ha dado la fortuna, y no el acaso; diré mejor, nos la ha dado el mérito y no la suerte. No podemos negar una hija que ha salido de nuestra mente como Palas de la cabeza de Júpiter, grande, bella y armada.
¿Que importa que yo perezca para que viva un pueblo?.
¿Quiere usted que yo continúe haciendo de Jesucristo sin ser Dios? Esto es muy duro, esto supera mis fuerzas.
¿Seremos capaces de mantener en su verdadero equilibrio la difícil carga de una república? ¿Se puede concebir que un pueblo recientemente desencadenado se lance a la esfera de la libertad, sin que, como Ícaro, se le deshagan las alas y recaiga en el abismo?
Aborrezco mortalmente el mando porque mis servicios no han sido felices, porque mi natural es contrario a la vida sedentaria, porque carezco de conocimientos, porque estoy cansado y porque estoy enfermo.
A la sombra de la ignorancia trabaja el crimen.
A los enemigos no se engaña sino lisonjeándolos.
A nadie de debe forzar a obrar contra su conciencia y las leyes.
Al separarse Venezuela de la Nación Española, ha recobrado si Independencia, su Libertad, su Igualdad, su Soberanía Nacional. Constituyéndose en una República Democrática proscribió la monarquía, las distinciones, la nobleza, los fueros, los privilegios: declaró los derechos del hombre, la Libertad de obrar, de pensar, de hablar y de escribir. Estos actos eminentemente liberales jamás serán demasiado admirados, por la pureza que los ha dictado.
Al silencio de los muertos, sucedieron los vivas a la Libertad.
Amo la Libertad de la América más que mi gloria propia; y para conseguirla no he ahorrado sacrificios.
Ansío por respirar el aire que formó mi vida y ver los primeros objetos que ejercitaron mis primeros sentidos; yo deliro por Caracas, ahora que la aflicción me la ha hecho más interesante; ahora que, libre de mis primeros deberes de la guerra y de la libertad puedo consagrarme todo por entero a aliviar los dolores de una patria que ha gemido tanto tiempo.
Así como la justicia justifica la audacia de haberla emprendido, la imposibilidad de su adquisición califica la insuficiencia de los medios.
Audacia en el plan y prudencia en la ejecución.
Aunque la guerra es el compendio de todos los males, la tiranía es el compendio de todas las guerras.
Aunque me cueste la vida voy a impedir la guerra civil.
Aunque un soldado salve la patria, rara vez es un buen magistrado. Acostumbrado al rigor y a las pasiones crueles de la guerra, su administración participa de las asperezas y de la violencia de un oficio de muerte.
Ay mi amigo, mi aflicción no tiene medida, porque la calumnia me ahoga como aquellas serpientes de Lacoonte.
Bajo la dictadura ¿Quien puede hablar de Libertad?.
Bastante me han criticado por haber hecho el bien a pesar de mi deber.
Bolívar es incapaz de corromper a sus amigos porque nada puede pretender que no sea justo.
Boliviano: nombre que me pertenece antes de nacer...
Cada individuo constituya un problema especial, y debe ser estudiado en su ambiente total y cambiante.
Cada pueblo, cada hombre, sirve para alguna cosa.
Cada pueblo será libre a su modo y disfrutará de soberanía, según la voluntad de su conciencia.
Cesar en las Galias amenazaba a Roma, yo en Bolivia amenazo a todos los conspiradores de la América, y salvo, por consiguiente, a las repúblicas.
Ciertamente, el oro y la plata son objetos preciosos; pero la existencia de la República y la vida de los ciudadanos son más preciosos aún.
Colombia es la palabra sagrada y la palabra mágica de todos los ciudadanos virtuosos.
Como amo la libertad, tengo sentimientos nobles y liberales, y si suelo ser severo, es solamente con aquellos que pretenden destruirnos.
Como ciudadano y como soldado ofrezco mis servicios a la república; ninguno sería más celoso en servirla; y sostendré al gobierno con toda mi influencia y con todas mis fuerzas.
Constancia firme y tino militar serán nuestros derechos positivos.
Corramos a romper las cadenas de aquellas víctimas que gimen; no burléis su confianza; no seáis insensibles a los lamentos de vuestros hermanos. Id veloces a vengar al muerto, a dar la vida por el moribundo, soltura al oprimido y libertad a todos.
Creo más en el honor que en las pasiones.
Creo que mi gloria ha llegado a su colmo, viendo a mi patria libre, constituida y tranquila, al separarme yo de sus gloriosas riberas.
Cualesquiera que sean los días que la Providencia me tenga aún destinados, todos, hasta el último, serán empleados en servicio de la América.
Cualquiera que sea mi suerte en lo adelante, mi último suspiro será por mi país.
Cuando el pueblo, por medio de la instrucción, sepa lo que son sus deberes y derechos habremos consolidado la República.
Cuando está uno más descuidado, da una ley contraria a lo que se propone ejecutar.
Cuando la fortuna nos sirve a medida de nuestros deseos, debemos aprovecharla.
Cuando las calamidades públicas me pusieron las armas en las manos para libertar a mi patria, yo no consulté mis fuerzas ni mis talentos.
Cuando los partidos carecen de autoridad, ora por falta de poder, ya por el triunfo de sus contrarios, nace el descontento y los debilita.
Cuanto más admiro la excelencia de la Constitución Federal de Venezuela, tanto más me persuado de la imposibilidad de su aplicación a nuestro estado.
Cuando más me elevo tanto más hondo se ofrece el abismo.
Cuando me hablan de valor y de audacia, siento revivir todo mi ser y vuelvo a nacer, por decirlo así, para la patria y para la gloria.
Cuando pienses criticar los defectos de los demás, corrige primero los tuyos, que nadie es perfecto en esta tierra.
Cuando quede reducido a nada estaré satisfecho de mi propia ruina y la veré como una gloria y un martirio poco merecido.
Cuando se varía un plan es preciso variar los medios.
Cuando temo que desaprueben mi manejo o mis ideas, dejo de importunar con mi amistad a los que me condenan.
Cuando un oficial ha llenado sus deberes aún más allá de lo justo, es una loca temeridad no acceder a las leyes imperiosas e irresistibles de la fuerza y de la necesidad. No estamos en el caso de elegir una muerte desesperada cuando puede conservarse una vida honrosa y ahorrar sangre inocente.
Cuando yo perdiera todo sobre la tierra, me quedaría la gloria de haber llenado mi deber hasta la última extremidad, y esa gloria será eternamente mi bien y mi dicha.
De la capitulación no se saca otra cosa que entregar hasta los dispersos y perder hasta el derecho de defenderse.
De la derrota se saca el partido de la reacción.
De la Libertad absoluta se desciende siempre al poder absoluto, y el medio entre éstos dos términos es la Suprema Libertad Social.
De la paz debe esperar todos los bienes y de la guerra nada más que desastres.
De las cosas más seguras, la más segura es dudar.
De lo heroico a lo ridículo no hay más que un paso.
De ninguna manera convendré en que nuestras tropas se comprometan en combates probables, sino seguros; y mucho menos si no son decisivos.
Debemos emplear la razón antes que la fuerza.
Debemos saber perder al principio para saber ganar después.
Debo irme lo más lejos que pueda a descansar de tanta pena que me dan los males ajenos.
Después de aliviar a los que aún sufren por la guerra, nada puede interesarme más que la propagación de las ciencias.
Dichoso el que, en lugar de un amigo, ha colocado en su pecho el amor, la inocencia y la virtud.
Digan V.V. que el ciudadano Bolívar viene a pagar sus respetos a la soberanía del pueblo.
Dios aprueba la creación de un gobierno cuyo fin es el bien de la comunidad, o cuando no es la obra de la propia comunidad, según su voluntad y no según su fuerza, que ningún derecho da la fuerza.
Dios concede la victoria a la constancia.
Dios ha establecido entre los hombres el derecho y el deber para consagrar la propiedad de las cosas, de los bienes y de las instituciones.
Dios no puede aprobar la violencia de sus propios principios, de sus leyes fundamentales; por el contrario, Dios ve con horror el crimen de la usurpación, de la tiranía.
Dios es testigo de la pureza de mis intenciones; la posteridad será bastante recta para hacerme justicia.
Disciplinemos y aumentemos nuestras tropas, para caer después sobre el enemigo como una masa inmensa.
Divididos, seremos más débiles, menos respetados de los enemigos y neutrales. La unión bajo un gobierno supremo, hará nuestra fuerza, y nos hará formidables a todos.
Echemos el miedo a la espalda y salvemos la patria.
El alma de un siervo rara vez alcanza a apreciar la libertad: se enfurece en los tumultos o se humilla en las cadenas.
El Alto Perú ha tomado mi nombre y mi corazón le pertenece.
El amor a la Libertad me ha forzado a seguir un oficio contrario a todos mis sentimientos.
El amor a la patria no se conoce y por lo mismo tampoco los sacrificios heroicos.
El amor a la paz, tan propio de los que defienden la causa de la justicia, no será jamás ahogado por los dolientes clamores de la humanidad, antes inmolada en el transcurso de tantos dolores.
El arte de vencer se aprende en las derrotas.
El bien como el mal, da la muerte cuando es súbito y excesivo.
El camino que conduce a la gloria militar está erizado, es verdad, de picas que pueden darle la muerte, pero el que guía a la sabiduría está cubierto de inmensas tinieblas, donde es preciso, a fuerza de años de estudios, leer en la oscuridad y recoger lo que haya de cierto y útil. Yo he dado pocos pasos en esta pacífica senda: la guerra, la destrucción de los enemigos, la libertad de mi patria, han absorbido toda mi atención.
El cielo es prodigioso con los que combaten por la justicia y severo con los opresores.
El congreso de la nueva granada confió a mis débiles esfuerzos el restablecimiento de nuestra república. Yo he puesto de mi parte el celo; ningún peligro me ha detenido.
El destino del Ejército es guarnecer la frontera. ¡Dios nos preserve de que vuelva sus armas contra los ciudadanos!.
El desarrollo del hombre es la primera intención del Legislador.
El despotismo lleva consigo su remedio y la anarquía envenena para siglos la sangre del cuerpo social.
El ejemplo de la libertad es seductor, y el de la libertad doméstica es imperioso y arrebatador.
El ejercicio de la justicia es el ejercicio de la Libertad.
El enemigo se ha de dividir, y dividiendo debemos destruirlo.
El movimiento es el alimento de la guerra, como de la vida.
El error que profeso a la opresión no me permite ser víctima de este sacrificio.
El género humano gemía por la ruina de su más bella posesión : era esclavo y ya es libre.
El genio del crimen parece tener su imperio de muerte, y nadie puede acercarse a él sin sentir los furores de una implacable venganza.
El gobierno que se le dé a la república debe estar fundado sobre nuestras costumbres, sobre nuestra religión y sobre nuestras inclinaciones, y últimamente, sobre nuestro origen y sobre nuestra historia.
El gran poder existe en la fuerza irresistible del amor.
El hábito de la guerra, el servicio de los campamentos, el contacto con los enemigos, me han puesto fuera del mando civil.
El hombre apoya su moral en las verdades reveladas
El hombre de honor no tiene más patria que aquella en que se protegen los derechos de los ciudadanos y se respeta el carácter sagrado de la humanidad: la nuestra es la madre de todos los hombres libres y justos, sin distinción de origen y condición.
El hombre es hijo del miedo, y el criminal y el esclavo mucho más.
El honor es el mejor guía del laberinto de las revoluciones.
El ignorante está próximo a revolverse en el lodo de la corrupción
El infortunio, es la escuela de los héroes, os dará muchas lecciones de gloria.
El instinto es un consejero leal; en tanto que la pedantería es un aire letífico que ahoga los buenos sentimientos.
El mal necesario consuela como el gratuito irrita.
El mando me disgusta tanto como amo la gloria, y gloria no es mandar sino ejercitar grandes virtudes. Yo he querido la gloria y la libertad, ambas se han conseguido, por lo mismo, no tengo más deseos.
El mando pesa más que la muerte al que no tiene ambición.
El menor mal es el mayor bien posible.
El modo de gobernar bien es el emplear hombres honrados, aunque sean enemigos.
El modo de hacer tropas es hacerlas combatir y enviarlas al país enemigo, donde no cuesta nada mantenerlas.
El momento de la gloria va a pasar y el de la fortuna serán muchos.
El mundo es uno, la religión es otra. El heroísmo profano no es siempre el heroísmo de la virtud y de la religión.
El mundo viejo gravita ya sobre el nuevo: ha faltado el equilibrio entre ambos hemisferios.
El nacimiento y la vida de Bolivia es un himno de la sabiduría.
El patriotismo es un fuego sagrado que no puede estar oculto; y que tanto cuando se extiende en un sentido verdaderamente puro, tanto más habrá ganado la felicidad del país, cuya moralización demanda extraordinariamente todo paternal cuidado.
El peligro es mi trono, y vencerlo es mi gloria.
El peso de la Libertad es liviano, pero también es difícil mantenerlo en equilibrio aun en las naciones más cultas y civilizadas.
El premio del mérito es el acto más augusto del poder humano.
El primer deber del gobierno es dar educación al pueblo.
El primer día de paz, será el último de mi mando.
El pueblo que combate con fe, al fin triunfará.
El que abandona todo por ser útil a su país, no pierde nada, y gana cuanto le consagra.
El que no está con la Libertad, puede conservar las cadenas del infortunio y con la desaprobación universal.
El que no sabe escribir, ni paga contribución ni tiene un oficio conocido, no es un ciudadano.
El que trabaja por la Libertad y la gloria no debe tener otra recompensa que gloria y Libertad.
El secreto de la táctica está en los pies, y nuestros enemigos lo poseen admirablemente.
El sistema de gobierno más perfecto es aquél que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política.
El sistema militar es el de la fuerza, y la fuerza no es gobierno.
El soldado bisoño lo cree todo perdido, desde que es derrotado una vez; porque la experiencia no le ha probado que el valor, la habilidad y la constancia corrigen la mala fortuna.
El talento sin probidad es un azote.
El título de amigo solo vale por un himno y por todos los dictados que puede dar la tierra. El tú, es el tratamiento de la amistad, de la confianza y aún de la ternura.
El título de Libertador de Venezuela es más glorioso y satisfactorio que el cetro de todos los imperios de la tierra.
El valor es preferible al número y la habilidad superior al valor.
El valor y la habilidad suplen con ventaja al número; así tenemos confianza.
El verdadero guerrero se gloria solamente de vencer a sus enemigos, mas no de destruirlos.
El vituperio cae siempre sobre el vencido y el vencedor.
Elegid por magistrados a los más virtuosos de nuestros ciudadanos.
Entre el éxito dudoso de una campaña y el sacrificio incierto del ejército, no se puede vacilar. Es, pues, de mi deber hacer la paz, o combatir.
En cuanto a la excelencia, usted sabe que no la merezco; me contentaré yo con ser justo.
En el puerto, las tempestades son menos terribles.
En el régimen absoluto, el poder autorizado no tiene, no admite límites. La voluntad del déspota es la ley suprema.
En la desgracia la suerte nos unió, el valor nos ha unido en los designios, y la naturaleza nos dio un mismo ser para que fuésemos hermanos.
En la guerra no se comete falta impunemente, y la inexactitud en la ejecución de los planes o combinaciones trae frecuentemente graves e irremediables males.
En la guerra se necesita que todo, marche uniformemente y que no se haga nada fuera del plan propuesto, pues en la unidad consiste la mejor parte de nuestros sucesos.
En las guerras civiles es donde el derecho de gentes ha de ser más estricto y vigoroso.
En las guerras civiles es política el ser generosos, porque la venganza progresivamente se aumenta.
En las revoluciones como en las guerras, hay contratiempos indispensables.
En los gobiernos no hay otro partido que someterse a lo que quieren los más.
En los gobiernos populares nada es seguro, porque la marcha del pueblo suele ser muy variada y aún ciega.
En los negocios pacíficos como en los militares es muy importante ser veterano.
En lugar de una amante, quiero tener a mi lado un filósofo; pues en el día yo prefiero a Sócrates a la hermosa Aspasia.
En moral como en política hay reglas que no se deben traspasar, pues su violación suele costar caro.
En política nada vale tanto y cuesta menos como las demostraciones de respeto y consideración.
En todas las guerras civiles ha vencido siempre el más feroz o el más enérgico, según la aceptación de la palabra.
En todo tiempo las obras de los hombres han sido frágiles, mas en el día son como los embriones nonatos que perecen antes de desenvolver sus facultades.
Es encantador el prospecto de un gran pueblo gobernado por autoridades bien enlazadas en sí, circunscritas a sus atribuciones y eminentemente amantes de la gloria nacional.
Es un gran consuelo para un desesperado ver un rayo de luz y esperanza.
En una constitución política no debe prescribirse una profesión religiosa.
En vano las armas destruirán a los tiranos, si no establecemos un orden político capaz de reparar los estragos de la revolución.
Es difícil hacer justicia a quién nos ha ofendido.
Es glorioso, sin duda, servir a la patria, salvarla en el combate, pero es muy odioso el encargo del mando.
Es imperturbable nuestra resolución de independencia o nada.
Es indispensable emplear la sorpresa con preferencia a la fuerza, porque es más difícil destruir al enemigo en el campo.
Es insoportable el espíritu militar en el mando civil.
Es la desgracia del hombre el no contentarse nunca.
Es menos peligroso que haya dos potestades que una sola.
Es mi voluntad, que después de mi fallecimiento, mis restos mortales sean depositados en la ciudad de Caracas, mi país natal.
Es muy importante premiar a tiempo.
Es necesario vencer todos los obstáculos para la mejor organización de un ejército.
Es nuestra grande ambición ofrecer a los españoles una segunda patria, pero erguida, no abrumada de cadenas.
Es preciso acomodarse a los deseos de los hombres, cuando sus pretensiones no exceden los límites que prescribe la justicia.
Es preciso el último rigor con los malvados, sean godos o sean patriotas, porque la república tanto gana con la destrucción de un buen realista como de un mal ciudadano.
Es preciso prepararse para la guerra, a fin de dar base a la paz.
Es preciso que el gobierno se identifique, por decirlo así, al carácter de las circunstancias, de los tiempos y de los hombres que lo rodean. Si estos son prósperos y serenos, él debe ser dulce y protector; pero si son calamitosos y turbulentos, él debe mostrarse terrible y armarse de una firmeza igual a los peligros.
Es preciso terminar de un modo resplandeciente la guerra de América, haciendo nuevos sacrificios para que nuestra paz sea gloriosa y completa.
Es preciso sacrificar las partes por el todo.
Es preciso vengar la patria cuantas veces intenten los pérfidos sepultarla en la anarquía y arruinarla; y no debemos desmayar jamás, aún en medio de las mayores dificultades.
Es preferible la muerte a la expatriación.
Es preferible la muerte a una existencia poco honrosa.
Es preferible la muerte que la expatriación.
Es preferible vivir el las cadenas por la patria, a existir fuera de ella en una triste inacción.
Es un necio el que desprecia las bendiciones que la Providencia derrama sobre él. Somos queridos de Dios en este momento y no debemos dejar infructíferos sus dones.
Es un principio del arte que toda guerra defensiva es perjudicial y ruinosa para el que la sostiene, pues lo debilita sin esperanza de indemnizarlo.
Es una manía miserable el querer mandar a todo trance.
Es una verdad militar que sólo ejércitos aguerridos son capaces de sobreponerse a los primeros infaustos sucesos de una campaña.
Esfuerzos inauditos me han arrancado la energía de la vida y, por consiguiente me hallo reducido al más triste desaliento.
Esta República Boliviana tiene para mí un encanto particular: primero su nombre, y después todas sus ventajas sin un solo escollo; parece mandada hacer a mano: Cuando más medito sobre la suerte de este país, tanto me parece una pequeña maravilla.
Estoy animado del demonio de la guerra y en tren de acabar esta lucha de un modo o de otro. Parece que el genio de América y el de mi destino se me han metido en la cabeza.
Estoy cada vez más aburrido de todo y con menos esperanzas de lograr un porvenir tranquilo, porque las revoluciones se efectúan en esta América como las olas en el océano.
Estoy como el sol, brotando rayos por todas partes.
Estoy en el caso de perder el camino de la vida, o de seguir siempre el de la gloria.
Estoy pronto a dejar el mando muy tranquilamente y con el mayor desinterés; pero yo no lo dejaré nunca sino con la vida, cuando me lo quieren arrancar.
Estoy pronto a marchar con mis queridos compañeros de armas a los confines de la tierra que sea oprimida por los tiranos.
Estoy resuelto a marchar y marcharé dentro de ocho días con la oliva en una mano y la espada en la otra.
Estoy rodeado de calumnias y de enemigos porque no vengo a servir de vil instrumento de venganza.
Estoy todo entero donde quiera que esté una de mis partes.
Formémonos una patria a toda costa y todo lo demás será tolerable.
Fuera del ejército, estoy fuera de mi centro.
Hacer bien no cuesta nada y vale mucho.
Hacer bien y aprender la verdad son las únicas ventajas que la Providencia nos ha concedido en la tierra.
Haré cuanto pueda por la América, y después, aunque toda ella perezca, despreciaré todas las ofertas del Universo por mi gloria.
Haré todos mis esfuerzos porque el amor de la patria y el deseo de las victorias ocupen el vacío que nos dejará la hermosa quimera de la perfección.
Hasta ahora he combatido por la libertad; en adelante quiero combatir por mi gloria aunque sea a costa de todo el mundo.
Hay circunstancias particulares que no permiten obrar con libertad, aún a los seres más perfectos.
Hay casos particulares en que la severidad del gobierno le hace parecer cruel.
Hay cosas que aunque salgan ciertas no se deben creer sino hasta después de sucedidas.
Hay pocos hombres que sean incorregibles, y como siempre es útil conocerse y saber lo que se puede esperar de sí mismo, yo me creeré feliz cuando la casualidad me presente un amigo que me sirva de espejo.
He combatido por la Libertad que es gloriosa: no mandaré ciertamente para obtener por recompensa el título de tirano, que tantas veces me han prodigado.
He llegado al punto que ni aún la salud de la patria, ni la gloria misma, me hacen la menor impresión, si se oponen a la letra de mi deber.
He sido víctima de mis perseguidores, que me han conducido a las puertas del sepulcro. Yo los perdono.
Hemos arado en el mar.
Hemos quitado la mordaza de la boca para que nos digan injurias, y se está realizando la fábula de la serpiente con el hombre; que al primer calor que sientes, emplean su saña contra sus benefactores.
Hombres virtuosos, hombres patriotas, hombres ilustrados constituyen las Repúblicas.
Huid del país donde uno solo ejerza todos los poderes: es un país de esclavos.
Id veloces a vengar al muerto, a dar vida al moribundo, soltura a el oprimido y Libertad a todos.
Igualdad legal es indispensable donde hay desigualdad física, para corregir en cierto modo la injusticia de la naturaleza.
Infeliz del Magistrado que, autor de las calamidades o de los crímenes de su patria, se ve forzado a defenderse ante un tribunal del pueblo de las acusaciones que sus ciudadanos dirigen en su contra.
Intereses que no puedo desatender: los de la patria nativa.
Jamás la división del poder ha establecido y perpetuado gobiernos; sólo la concertración ha infundido respeto.
Jamás se muere el hombre de la necesidad. Jamás falta un amigo compasivo que nos socorra, y el socorro de un amigo no puede ser nunca vergonzoso.
Jamás un Congreso ha salvado a la República.
La aclamación libre de los ciudadanos es la única fuente legítima de todo poder humano.
La ambición, la intriga, abusan de la credulidad y de la inexperiencia de hombres ajenos de todo conocimiento político, económico o civil; adoptan como realidades las que son puras ilusiones; toman la licencia por Libertad, la traición por Patriotismo, la venganza por Justicia. Semejante a un robusto ciego que instigado por el sentimiento de las fuerzas marcha con la seguridad del hombre más perspicaz y dando en todos los escollos no puede rectificar sus pasos.
La América, que, después que la he liberado de sus enemigos y le he dado una libertad que no merece, me despedaza diariamente de un extremo al otro con todas las furias de sus viles pasiones.
La amistad es el único vínculo que corresponde a hermanos de armas, de empresas y de opinión.
La amistad es mas fuerte que la fortuna.
La amistad es mi pasión.
La amistad es preferible a la gloria.
La anarquía destruye la Libertad y la unidad conserva el orden.
La anarquía es el resultado necesario de un conflicto en que el gobierno es opresivo, y la nación es liberal
La bondad es la exclusión de todos los defectos y de todas las maldades.
La brevedad en todo es de la mayor utilidad e importancia, y de absoluta necesidad para las operaciones de un ejército.
La cadena de mis pensamientos se fija en el cielo y termina en el abismo. Jamás puedo razonar sin sacar consecuencias horrorosas.
La carne es un magnifico alimento, pero no se puede dar a un recién nacido. Los estados americanos han de menester de los cuidados de los gobiernos paternales que curen las llagas y las heridas del despotismo.
La clemencia con el malvado es un castigo del bueno
La clemencia con los criminales es un ataque a la virtud.
La condición principal es la celeridad más asombrosa en la ejecución: sin ella no hay victoria.
La constancia ha triunfado siempre.
La continuación de la autoridad en un mismo individuo frecuentemente ha sido el término de los gobiernos democráticos.
La corrupción de los pueblos nace la indulgencia de los Tribunales y de la impunidad de los delitos.
La dictadura es el escollo de las repúblicas.
La declaración de la República de Venezuela es el Acta más gloriosa, más heroica, más digna de un pueblo libre.
La demagogia es como la hidra de la fábula: se le corta una cabeza y le nacen cien.
La desesperación es la salud de los perdidos.
La desesperación no escoge los medios que la sacan del peligro.
La destrucción de la moral pública causa bien pronto la disolución del Estado.
La destrucción es un mal horrible y desespera tanto más cuando que también termina el inteligente y el virtuoso que hemos querido asemejar a la Divinidad.
La dictadura es el escollo de las Repúblicas.
La disciplina es el alma de la tropa así como el valor; pero aquélla es más conveniente en una batalla general que éste.
La educación de los niños debe ser siempre adecuada a su edad, inclinaciones, genio y temperamento.
La educación física forma al hombre moral, y para formar un legislador se necesita ciertamente de educarlo en una escuela de moral, de justicia y de leyes.
La educación forma al hombre moral, y para formar un legislador se necesita ciertamente educarlo en una escuela de moral, de justicia y de leyes.
La educación literal y civil de la juventud es uno de los primeros y más paternales cuidados del Gobierno.
La educación popular debe ser el cuidado primogénito del amor paternal del gobierno.
La enseñanza de las buenas costumbres o hábitos sociales es tan esencial como la instrucción.
La época de hacer milagros ha pasado ya.
La espada de los libertadores no debe emplearse sino en resaltar los derechos del pueblo.
La existencia es el primer bien; y el segundo es el modo de existir.
La experiencia me ha enseñado que de los hombres se ha de exigir mucho para que hagan muy poco.
La familia es un tesoro en que todos tienen interés.
La fortuna no debe cambiar el orden necesario de las cosas; podrá influir en alterar algo, pero no en deshacer el todo.
La fortuna no debe luchar vencedora contra quienes la muerte no intimida; y la vida no tiene precio sino en tanto que es gloriosa.
La fortuna nos ahorra la horrible necesidad de ser terroristas.
La franquicia del aguardiente es un azote del pueblo, que será desgraciado en todo sentido mientras pueda lograr licor a bajo precio. Aseguro a usted con todo candor que si pudiera suprimir ese vicio haría el sacrificio de la renta del Estado adoptando otro arbitrio que la supliera.
La fuerza de los sentimientos y de las pasiones no dejan libertad sino a los monosílabos y a las expresiones violentas.
La gloria, el honor, el talento, la delicadeza, todo se reúne en el solo punto del triunfo del ejército y la libertad de América.
La gloria de la patria es vencer o morir.
La gloria debe ser insaciable cuando se funda en sus verdaderos principios.
La gloria es la dicha del héroe.
La gloria es mil veces preferible a la felicidad y la vindicta de Colombia pesa más en mis balanzas que los viles goces de la vida.
La gloria esta en ser grande y ser útil.
La gloria y la guerra son mis flaquezas.
La guerra civil es la más devastadora y sangrienta.
La guerra civil se alimenta del despotismo y no se hace por el amor a Dios.
La guerra es mi elemento, los peligros mi gloria.
La guerra no vive de actos de violencia y de destrucción: no se hace por el amor de Dios.
La guerra ofensiva no da espera después del primer triunfo.
la historia de los infortunios y errores de la América es elocuente para los que saben leerla.
La Historia, que enseña todas las cosas, ofrece maravillosos ejemplos de la grande veneración que han inspirado en todos los tiempos los varones fuertes que, sobreponiéndose a todos los riesgos, han mantenido la dignidad de su carácter delante los más fieros conquistadores y aun pisando los umbrales del templo de la muerte.
La igualdad no es lo mas conforme con la obediencia.
La imprenta es tan útil como los pertrechos y ella es la artillería del pensamiento.
La impunidad de los delitos hace que éstos se cometan con más frecuencia, y al fin llega el caso de que el castigo no basta para reprimirlos.
La ingratitud es el crimen más grande que pueden los hombres atreverse a cometer.
La ingratitud me tiene aniquilado el espíritu habiéndolo privado de todos los resortes de acción. Si quieren mi vida, aquí la tienen, pero no mis servicios; pues ya no tengo valor para sacrificar mi nombre como lo tenía antes: éste es el primer efecto de la ingratitud.
La instrucción es la felicidad de la vida; y el ignorante, que siempre está próximo a revolverse en el lodo de la corrupción, se precipita luego infaliblemente en las tinieblas de la servidumbre.
La justicia americana sabrá siempre, sin embargo, distinguir al inocente del culpable.
La justicia es la reina de las virtudes republicanas, y con ellas se sostienen la Igualdad y la Libertad.
La justicia sola es la que conserva la República, los ejércitos se relajan con nada.
La ley del deber, más poderosa para mí que los sentimientos del corazón, me impone la obediencia a las instancias de un pueblo libre.
La libertad del mundo esta dependiente de la salud de la América.
La libertad, esa preciosa planta, no nace ni en los páramos helados ni en los ardientes arenales, sino en aquellos terrenos donde la naturaleza ha combinado sabiamente los principios del calor y del frío.
La libertad se halla de ordinario enferma de anarquía.
La más hermosa corona es la que da la justicia.
La más pequeña vacilación, la menor desavenencia en Estado naciente, puede producir su ruina.
La mejor política es la rectitud.
La moderación es la salud de los perdidos.
La moderación siempre es tímida y la fortuna desaira a la timidez.
La muerte es la cura de nuestros dolores.
La nación será sabia, virtuosa, guerrera, si los principios de su educación son sabios, virtuosos y militares; ella será imbécil, supersticiosa, afeminada y fanática si se cría en la escuela de los errores.
La naturaleza me ha impuesto el deber de servir con todas mis fuerzas al país en que nací.
La ofensa hecha al justo es un golpe contra mi corazón y yo no quiero precipitar mi mano contra mi propio pecho.
La opresión está reunida en masa, bajo un solo estandarte, y si la Libertad se dispersa no puede haber combate.
La patria es preferible a todo.
La patria exige cada día nuevos sacrificios, y es necesario darle hasta el último aliento de la vida.
La paz será mi puerto, mi gloria, mi recompensa, mi esperanza, mi dicha y cuanto me es precioso en este mundo.
La pluma es un fiel instrumento para transmitir con libertad los sentimientos sinceros.
La pobreza conserva la virtud, que es lo más estimable del mundo.
La practica de la libertad no se sostiene sino con virtudes y que donde éstas reinan es impotente la tiranía.
La primera de todas las fuerzas es la opinión pública.
La primera máxima que ha inculcarse a los niños es la del aseo.
La providencia está declarada en favor de la independencia de América, y el oponerse al imperio de sus decretos es una rebelión execrable.
La providencia misma no puede permitir que el robo, la traición y la intriga triunfen del patriotismo y de la rectitud más pura.
La religión es la ley de la conciencia.
La religión y la filosofía contienen a los hombres; la primera, por la pena; la segunda, por la esperanza y la persuasión.
La república tanto gana con la destrucción de un buen realista como de un mal ciudadano.
La responsabilidad de los empleados se señala en la constitución.
La reunión de la Nueva Granada y Venezuela en un grande Estado ha sido el voto uniforme de los pueblos y gobiernos de estas Repúblicas.
La revolución es un elemento que no se puede manejar. Es más indócil que el viento.
La sabiduría aconseja la resignación más absoluta a los decretos del destino para disminuir sus rigores.
La salud de la patria consiste en no ahorrar sacrificios.
La soberanía del pueblo es la única autoridad legítima de las naciones.
La soberanía del pueblo no es limitada, porque la justicia es su base y la utilidad perfecta le pone término.
La suerte de la guerra es impenetrable para los hombres.
La suerte de Venezuela no me puede ser indiferente ni aún después de muerto.
La suerte me ha colocado en el ápice del poder; pero no quiero tener otros derechos que los del más simple ciudadano.
La unidad en la guerra es la primera ventaja.
La unidad lo hace todo y, por lo mismo, debemos conservar este precioso principio.
La unión debe salvarnos, como nos destruirá la división si llega a introducirse entre nosotros.
La verdad pura y limpia es el mejor modo de persuadir.
La verdadera constitución liberal está en los códigos civiles y criminales.
La Victoria conducida por la Justicia fue siempre nuestra guía hasta las ruinas de la ilustre capital de Caracas, que arrancamos de las manos de sus opresores.
La vida es corta, no sé cuando la perderé; un día perdido es irreparable.
La vida no tiene precio sino en tanto que es gloriosa.
La violencia de la fuerza arrastra consigo los principios de su propia destrucción.
La voluntad legal del pueblo es mi soberana y mi ley.
Las armas, la fuerza y el rigor de la justicia harán lo que la razón y la clemencia no pueden alcanzar.
Las armas no deben jamás estar sino en las fronteras, o en los campos militares; de nada sirven en el interior.
Las buenas costumbres y no la fuerza, son las columnas de las leyes; y el ejercicio de la justicia es el ejercicio de la Libertad.
Las bondades de un héroe son glorias para quien las recibe.
Las contiendas domésticas de la América nunca se han originado por diferencia de castas; ellas han nacido de la divergencia de las opiniones políticas, de la ambición particular de algunos hombres, como todas las que han afligido a las demás naciones.
Las cosas para hacerlas bien es preciso hacerlas dos veces: la primera enseña la segunda.
Las cualidades eminentes que caracterizan al hombre grande: valor para arrostrar el peligro, inteligencia para vencer, amor a la patria y odio a la tiranía.
Las discordias que nacen de la unión que yo he procurado formar, me hacen sufrir las agonías del suplicio.
Las fechas nada cuestan; servir a los amigos cuesta menos, y aún mucho menos recompensar al mérito con los bienes comunes.
Las grandes medidas, para sostener una empresa sin recursos, son indispensables aunque terribles. Para comprometer cuatro guerrillas, que han contribuido a libertarnos, fue necesario declarar la guerra a muerte; para reclutar el ejército tuvimos que recurrir a la formidable ley marcial.
Las guerra se alimenta del despotismo, y no se hace por el amor de Dios.
Las hostilidades en el territorio enemigo siempre son provechosas, por el bien que resulta del mal contrario; así, no debemos por ningún motivo emplear la defensiva.
Las influencias de la civilización producen una ingestión en nuestros espíritus, que no tienen bastante fuerza para masticar el alimento nutritivo de la libertad. Lo mismo que debería salvarnos nos hará sucumbir. Las doctrinas más puras y más perfectas son las que envenenan nuestra existencia.
Las inspiraciones del miedo son fatales. Es preciso aventurar peligros para obtener victorias.
Las naciones marchan hacia el término de su grandeza con el mismo paso con que camina la educación
Las pasiones se han excitado por todos los estímulos, el fanatismo ha volcanizado las cabezas, y el exterminio será el resultado de estos elementos desorganizadores.
Las recompensas honoríficas deben ser muy raras y muy justas.
Las repetidas elecciones son esenciales en los sistemas populares, ...
Las rivalidades, celos y demás miserias hemos aprendido de los españoles y de nuestros compañeros los esclavos.
Las sociedades ilustradas han puesto siempre la educación entre las bases de sus instituciones.
Las virtudes públicas y domésticas reclaman muy justamente la consideración del gobierno.
Libertador más que todo, y, por lo mismo, yo no me degradaré hasta un trono.
Libertador o muerto, es mi divisa.
Llamarse jefe para no serlo es el colmo de la miseria.
Llamo humano lo que está más en la Naturaleza, lo que está mas cerca de las primitivas impresiones.
Lo mismo es para Venezuela combatir contra España que contra el mundo entero, si todo el mundo la ofende.
Los artículos deben ser cortos, agradables y fuertes. Cuando se hable del Gobierno, con respeto; cuando se trate de Legislación, con sabiduría y gravedad... Yo quiero que se me proteja un periódico, pero que se organice con elegancia, gusto y propiedad...
Los asesinos, los ingratos, los maldicientes y los traidores, han rebosado la medida de mi sufrimiento. No hay día, no hay hora, en que estos abominables no me hagan beber la hez de la calumnia.
Los beneficios que se hacen hoy se reciben mañana, porque Dios premia la virtud en este mundo mismo.
Los caracteres militares que pueden adornar a un soldado: valor, desprendimiento, patriotismo, actividad, celo y talento militar.
Los consejos de la timidez no dejan nunca de tener resultados infaustos.
Los ejércitos se componen de hombres de carne y hueso, que necesitan de todo, y, por consiguiente, con pasiones que deben satisfacer.
Los estados americanos han menester de los cuidados de gobiernos paternales que curen las llagas y las heridas del despotismo de la guerra.
Los estados son esclavos por la naturaleza de su constitución o por el abuso de ella.
Los Estados Unidos parecen destinados por la providencia para plagar la América de miseria a nombre de la Libertad.
Los fieles y los heroicos son sacrificados a la venganza de los demagogos. El inmaculado Sucre no ha podido escaparse de las asechanzas de estos monstruos. Yo no sé qué causa ha dado este general para que atentasen contra su vida, cuando ha sido más liberal u más generoso que cuantos héroes han figurado en los anales de la fortuna, y cuando era demasiado severo hasta con sus amigos que no participaban de sus sentimientos.
Los gobiernos deben guardar dignidad, y mucho más cuando son fuertes y se circunscriben a los límites de la moderación.
Los gobiernos populares son como todos, y que, por lo mismo, de todo gobierno no debe uno esperar justicia.
Los gritos de género humano en los campos de batalla o en los cuerpos tumultuosos claman al cielo contra los inconsiderados y ciegos legisladores que han pensado que pueden hacer impunemente ensayos de quiméricas instituciones.
Los hijos de Venezuela no hicieron nada, nada, para impedir que los salvásemos.
Los hombres de carácter y rectitud no reparan en escrúpulos, sino marchan airosos por el camino del bien y de la honradez.
Los hombres de luces y honrados son los que deberían fijar la opinión pública. El talento sin probidad es un azote.
Los hombres públicos valen tanto cuanto es la opinión que se tienen de ellos.
Los hombres pueden ser diferentes pero los elementos son los mismos; nadie cambia los elementos.
Los intrigantes corrompen los pueblos, desprestigiando la autoridad.
Los legisladores han dicho: perezca la república antes que los principios; sin ver que los principios se sepultan con la república.
Los malvados deben pagar con algunos sacrificios, y los buenos deben hacerlo para salvarse; todos deben pagar para mantener la vida política y aún la física.
Los malvados no tienen ni honor ni gratitud, y no saben agradecer, sino temer.
Los peligros enseñan la vía de la salud.
Los preceptos y los dogmas sagrados son útiles, luminosos y de evidencia metafísica.
Los premios y castigos morales, deben ser el estímulo de racionales tiernos, el rigor y el azote, el de la bestias.
Los progresos de la guerra civil se contienen más difícilmente que la guerra nacional.
Los que hemos quedado sentados sobre este miserable globo de tormentos, somos los más desgraciados.
Los que quedamos sentimos a los que se van, aunque sabemos que la vida es mal. La muerte es la cura de nuestros dolores.
Los tiranos no pueden acercarse a los muros invencibles de Colombia sin expiar con su impura sangre la audacia de sus delirios.
Mandado el Ejército, Colombia me tendrá siempre en la reserva y el gobierno en la vanguardia.
Mañana veréis que los colombianos son dignos de pelear al lado de los hijos de Albión.
Más aborrezco el mando que la muerte, pero todavía aborrezco más la ignominia de la deserción.
Más cuesta mantener el equilibrio de la Libertad que soportar el peso de la tiranía.
Más hace en un día un intrigante que cien hombres de bien en un mes.
Más quiero estar bien con los fanáticos que con los liberales, porque los primeros son intolerantes, y los segundos deben ser tolerantes según sus principios.
Me he metido a alfarero de Repúblicas, oficio de no poco trabajo, pero al mismo tiempo, glorioso.
Me parece que la libertad de imprenta, que tanto nos ha molestado con su amarga censura, al fin nos ha de servir de triunfo.
Me resulta insoportable oírme llamar tirano y usurpador. Yo sé padecer todo menos esto.
Me siento morir, Dios me llama, y quiero exhalar mi último suspiro rodeado de sacerdotes cristianos y con el crucifijo entre las manos.
Me vería como un hombre indigno, si fuere capaz de asegurar lo que no estoy cierto en cumplir.
Mejor es estar tranquilo que vivir sobre el trono del universo.
Mi aborrecimiento al mando ha sido tan sincero como todo mi carácter.
Mi alma, necesita alimentarse de peligros para conservar mi juicio, de manera que al crearme Dios, permitió esta tempestuosa revolución.
Mi ambición se limita a liberar mi país y a ser estimado por hombre de bien por mis coterráneos.
Mi constante amor a la libertad de la América me ha hecho hacer diferentes sacrificios, ya en la paz, ya en la guerra.
Mi corazón se hallará siempre en Caracas, allí recibí la vida y allí debo rendirla.
Mi destino ha querido que una vasta porción del mundo haya aprovechado de mis combates para romper sus cadenas: éste es todo mi mérito.
Mi ejemplo puede servir de algo a mi patria misma, pues la moderación del primer jefe cundiré entre los últimos, y mi vida será su regla. El pueblo me adorará y yo seré la arca de su alianza.
Mi espada y mi autoridad se emplearán con infinito gozo en sostener y defender los derechos de la soberanía popular.
Mi espada y mi corazón siempre serán de Colombia; y mis últimos suspiros pedirán al cielo su felicidad.
Mi gloria consiste en no mandar más.
Mi gloria se ha fundado sobre el deber y el bien.
Mi impetuosa pasión, mi aspiración mayor, es la de llevar el nombre de `amante de la Libertad'.
Mi mayor ambición será es la dicha y la estabilidad de las Repúblicas que han fundado el heroísmo y las virtudes del ejército.
Mi mayor anhelo es que los colombianos salgan del Perú inmaculados.
Mi mayor flaqueza es mi amor por la Libertad.
Mi nombre pertenece ya a la historia: ella será la que me haga justicia. No soy menos amante de la libertad que Washington, y nadie me podrá quitar la honra de haber humillado al león de Castilla desde el Orinoco hasta el potosí.
Mi país se ha liberado porque ha habido unidad y obediencia; no siempre voluntaria, pero siempre constante.
Mi política ha sido siempre por la estabilidad, por la fuerza y por la verdadera libertad.
Mi profesión ha sido siempre el culto popular y la veneración a las leyes y a los derechos.
Mi profesión militar me ha obligado a formarme una conciencia de soldado, y un brazo fuerte que no puede manejar el bastón sino la espada. El habito de la guerra, el servicio de los campamentos, el contacto con los enemigos, me han puesto fuera del mando civil.
Mi querida Venezuela que adoro sobre todas las cosas.
Mi tiempo está dividido en pensar, soñar y caminar, y también en trabajar algo por la patria.
Mi único amor siempre ha sido el de mi patria, mi única ambición su Libertad. Los que me atribuyen otra cosa, no me han conocido nunca.
Mi único tesoro es mi reputación.
Mi vida: blanco de odios implacables...
Mi voto es sincero porque no tengo envidia de nadie.
Mientras conservemos el bues estado del ejército, seremos invencibles.
Mirad, que sin fuerza no hay virtud, y sin virtud perece la República.
Mis años, mis males y el desengaño de todas las ilusiones juveniles no me permiten ejecutar ni concebir otras resoluciones.
Mis cóleras pertenecen a los relámpagos que pasan con ellas.
Mis temores nunca me han burlado, ellos son presagios infalibles.
Mis tristezas vienen de mi filosofía y yo soy más filósofo en la prosperidad que en el infortunio.
Montado sobre el más vasto teatro me veo asido de un enemigo que cuenta tantas ventajas como objetos le rodean.
Moral y luces son los dos polos de la República.
Moral y luces son nuestras primeras necesidades.
Muchas veces he dicho que estimo en más el concepto de un caballero que el de las naciones enteras.
Muchos piensan en un gobierno hereditario, pero yo me opongo con todas mis fuerzas, porque no quiero soportar por toda la vida un peso tan enorme para trasmitirlo después a un descendiente mío.
Nacido ciudadano de Caracas, mi mayor ambición será conservar ese precioso título.
Nada es mejor que la exactitud de las promesas del gobierno. La mejor política es la honradez.
Nada es peor en política que dejar de cumplir lo que se ha mandado. Esta debilidad causa el desprecio y hace inútiles las medidas posteriores.
Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo a un mismo ciudadano en el poder.
Nada se hace cuando aún falta que hacer.
Nada sino las malas acciones deben molestar a los hombres.
Nadie ama más la gloria como yo, y jamás un jefe ha tributado más gloria a sus subalternos como a usted.
Nadie es grande impunemente, nadie se escapa al levantarse de las mordicas de la envidia. Consolémonos, pues, con estas frases, de crueles desengaños para el mérito.
Nadie puede hablar de si sin degradar de algún modo su mérito.
Necesitamos de hombres robustos y fuertes acostumbrados a la inclemencia y a las fatigas, de hombres que abracen la causa y la carrera con entusiasmo, de hombres que vean identificada su causa con la causa pública, y quienes el valor de la muerte sea poco menos que el de la vida.
Necesitamos reunir todas nuestras fuerzas para lograr un golpe capaz de variar la suerte del país.
Ninguno ama a Venezuela más que yo.
Ni nosotros, ni la generación que nos suceda, verá el brillo de la América que estamos fundando.
No aspiro a otra gloria que a la consolidación de Colombia.
No basta la buena fe, es preciso mostrarla, porque los hombres siempre miran y muy pocas veces piensan.
No basta vencer, es preciso conservar.
No conviene que el Jefe de las armas sea el que administre la justicia.
No creo ninguna cosa tan corrosiva como la alabanza.
No debemos aventurar nada, sino con seguridad de triunfar.
No debemos fiarnos de las apariencias del triunfo ni despreciar por pequeño al enemigo.
No disputemos con los eclesiásticos que llaman siempre en su auxilio a la religión y hacen causa común con ella.
No envainaré jamás la espada mientras la Libertad de mi patria no esté completamente asegurada.
No es asequible lo que se debe hacer, sino aquello a que el derecho nos autoriza.
No es justo que vecinos y hermanos conserven celos que pueden prolongar las calamidades públicas.
No es lo mejor lo mas bueno si no hay posibilidad de hacer ejecutar lo que se intenta.
No es necesario más que hacer frente al déspota para que huya vergonzosamente.
No estoy bien sino en los peligros combinados con los embarazos.
No hay autoridad, por miserable que sea, a la cual no se consulte sobre los negocios en que ella ha intervenido, antes de decir nada.
No hay Libertad legítima sino cuando ésta se dirige a honrar la humanidad y a perfeccionarle su suerte.
No hay más dicha ni desdicha que prudencia o imprudencia.
No hay nada tan frágil como la vida de un hombre; por lo mismo, toca a la prudencia precaverse para cuando llegue ese término.
No le diga usted nada al congreso sobre mi haber porque yo no quiero nada, nada, nada, sino armisticio o paz, después veré como me compongo.
No mandaré ciertamente para obtener por recompensa el título de tirano.
No me faltan ratos para escribir, pero me sobran meditaciones sobre lo que debo hacer con un grande y bello país.
No pueden ver con indiferencia los militares la causa pública que pueden llamar suya, por sus sacrificios, a tiempo que otros la quieren arruinar.
No quiero más glorias; no quiero más poder; no quiero más fortuna, y si quiero mucho, mucho, mi reposo. Me queda un tercio de vida y quiero vivir.
No se puede hacer nada bueno, porque los hombres buenos han desaparecido y los malos se han multiplicado.
No é lo que tenga dispuesto la Providencia; pero ella me inspira una confianza sin límites.
No siempre lo justo es lo conveniente, ni lo útil lo justo.
No temáis a los tiranos, porque ellos son débiles, injustos y cobardes.
No temáis la espada que viene a vengaros y a cortar los lazos ignominiosos con que os ligan a su suerte vuestros verdugos.
No veo delante de mí más que miseria, vejez y mendicidad cuando nunca he estado acostumbrado a semejantes calamidades.
Noche y día me atormenta la idea, en que están mis enemigos, de que mis servicios por la Libertad son dirigidos por la ambición.
Nos veremos forzados a dar a nuestras instituciones más solidez y energía que en otros países se juzgan necesarias.
Nosotros no hemos ido al Perú sino a buscar fraternidad y gloria.
Nosotros somos los juguetes de la fortuna; a esta gran divinidad del universo, la sola que yo conozco, es a quien es preciso atribuir nuestros vicios y nuestras virtudes.
Nuestra apatía y la de los buenos es un veneno mortal. El opio es menos dañoso. Yo recomiendo a todos los sustentáculos de la patria más que celo; recomiendo entusiasmo y exaltación, porque de otro modo no hay salud.
Nuestras armas han venido a protegeros y no se emplearán jamás contra uno solo de nuestros hermanos.
Nuestras discordias tienen su origen en las dos más copiosas fuentes de la calamidad pública: la ignorancia y la debilidad.
Nunca se me ha intimidado ni arrancado nada por la fuerza.
Oí resonar delante de mi, bendiciones de unos hombres que esperaban mis armas con todo el entusiasmo de la libertad, como un remedio a las calamidades e infortunios que los habían llevado al último grado de exasperación.
Para hacer eficaz una cosa es menester tener la inclinación a ella, y aún quererla con pasión vehemente.
Para hombres valerosos, fieles y constantes nada es imposible.
Para Juzgar de las revoluciones y de sus actores, es menester observarlos muy de cerca y juzgarlos muy de lejos.
Para la sátira más cruel se necesita nobleza y propiedad como para el elogio más subido.
Para mí tengo en más a un soldado de la ley que al conquistador del universo.
Para mi, todo es bueno con moderación y conforme a lo mandado.
Para nosotros, la patria es América.
Para sujetar a la ley del deber tantas pasiones irritadas, se necesita de un poder colosal que participe de la opinión y de la fuerza física.
Para que un pueblo sea libre debe tener un gobierno fuerte, que posea medios suficientes para librarlo de la anarquía popular y del abuso de los grandes. Del contrapeso de estos dos cuerpos resulta el equilibrio social, la libertad de todos y la estabilidad del gobierno.
Para que un solo gobierno dé vida, anime, ponga en acción todos los resortes de la prosperidad pública, corrija, ilustre y perfeccione al Nuevo Mundo, sería necesario que tuviese las facultades de Dios, y cuando menos, las luces y virtudes de todos los hombres.
Para salvar la patria he debido ser un Bruto y para conservarla en una guerra civil, debería ser un Sila. Este Carácter no me conviene; antes perderé todo, la vida misma.
Para un valiente el riesgo es su verdadero apetito.
Parece que el demonio dirige las cosas de mi vida .
Perezca yo mil veces antes de tener miras personales ni causa propia.
Permitid que mi último acto sea recomendaros que protejáis la religión que profesamos, fuente profusa de las bendiciones del cielo.
Persuádase usted que no sirvo sino para pelear, o, por lo menos, para andar con soldados, impidiendo que otros los conduzcan peor que yo.
Peruanos ¡Colombia me llama, y yo obedezco! Siento al partir cuanto os amo, porque no puedo desprenderme de vosotros sin tiernas emociones de dolor.
Pienso que la Europa entera si se empeña en calmar nuestras tempestades, no hará quizás más que consumar nuestras calamidades.
Pienso que los americanos, ansiosos de paz, ciencias, artes, comercio y agricultura, preferirán repúblicas a los reinos.
Pienso que no hay un hombre en la tierra que no haya conocido, que no sepa, que lo que está más lejos de mi es el dolor y la perfidia.
Pocas horas son bastantes para tratar entre militares.
Por desgracia, el peso de la esclavitud apaga los espíritus y los pone en estado de ser indignos de la Libertad. Por eso es que tanto merece atención el cultivo de las ciencias.
Por donde pasa una cabra pasa un ejército, principalmente si es infantería.
Por el engaño se nos ha dominado más que por la fuerza, y por el vicio se nos ha degradado más bien que por la superstición.
Por manera que tuvimos filósofos por jefes; filantropía por legislación, dialéctica por táctica y sofistas por soldados: Con semejante subversión de principios y de cosas, el orden social se resintió extremadamente conmovido, y luego corrió el estado a pasos agigantados a una disolución universal, que bien pronto se vio realizada.
Por muchas tropas que se disciplinen, nunca habrá lo suficiente para remplazar los desertores, los enfermos y los heridos.
Por triste que sea nuestra muerte, siempre será más alegre que nuestra vida.
Porque nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el Poder.
Porque nuestra misión sólo se dirige a romper las cadenas de la servidumbre, que agobian todavía a alguno de nuestros pueblos...
Potosí, este nombre, símbolo de la riqueza, y por lo mismo, mil veces famoso por todo el bien que se he derramado en el Universo, jamás podrá ser borrado por otro alguno.
Prefiero el título de Ciudadano al de Libertador, porque éste emana de la guerra, aquél emana de las leyes.
Prefiero la ruina de Colombia a oírme llamar con el epíteto de usurpador.
Prefiero perecer de miseria a ser víctima de las pasiones y de las facciones ajenas.
Prefiero un combate con los españoles a disgustos entre los patriotas.
Prefiero una derrota a una capitulación.
Principio base de nuestra política: Paz a la nación española, y guerra de exterminio a su gobierno actual.
Pronto estoy a marchar con mis queridos compañeros de armas a los confines de la tierra que sea oprimida por tiranos.
Protegeré la religión hasta que me muera.
Pude amar, desear o poseer a la dulce Teresa, a Luisa Crover, a Fany, a Anita Lenoit, a Josefina Madrid, a Isabel, a Bernardina Ibáñez, a Manuelita Madroño, a todas las que desfilaron por la Magdalena... Pero la más grata al corazón y al amor es y ha sido siempre doña Manuela Sáenz de Thorne...
Puede ser que mi ejemplo estimule a otros americanos a imitar mi arrojo y al fin tendremos todo propio, sin mendigar modelos.
Que el universo nos contemple con admiración, tanto por nuestros desastres como por nuestros heroísmos.
Que me manden a salvar la República y salvo la América toda.
Que se acuse a cuantos cometan faltas, y todos se corregirán. Yo el primero.
Quiero asegurar después de mi muerte una memoria que merezca bien de la Libertad.
Quiero pasar por todo, prefiero sucumbir en mis esperanzas, a pasar por tirano, y aun aparecer sospechoso.
Quiero salir, ciertamente, del abismo en que nos hallamos, pero por la senda del deber y no de otro modo.
Quisiera tener una fortuna material para dar a cada colombiano; pero no tengo nada: no tengo más que un corazón para amarlos y una espada para defenderlos.
Recibo con mucho placer un bastón que usted me da; es la imagen del mando que yo aborrezco por lo que jamás uso tal insignia.
Recuerda en la opulencia a los amigos leales que conociste en la miseria; porque los tesoros se acaban y la amistad perdura.
Renovemos la idea de un pueblo que no solo quería ser libre, sino virtuoso.
Reside en la médula de mis huesos el fundamento de mi carácter.
Saber y honradez, no dinero, es lo que requiere el ejercicio del Poder público.
Se ha observado en la historia, que todas las guerras civiles ha vencido siempre el más feroz o el más enérgico, según la acepción de la palabra.
Seamos los bienhechores y fundadores de tres grandes estados, hagámonos dignos de la fortuna que nos ha cabido; mostremos a Europa que hay hombres en América capaces de competir en gloria con los héroes del mundo antiguo.
Según ciertos señores, nadie puede ser grande sino a la manera de Alejandro, César y Napoleón. Yo quiero superarlos a todos en desprendimiento, ya que no puedo igualarlos en hazañas.
Señorita: usted no es española; lleva en su persona el tricolor de mi bandera: el amarillo de sus cabellos, el azul de sus ojos y el rojo de sus labios.-Yo soy Simón Bolívar.
Ser respetados es más que ser libres.
Seré implacable con los que, obcecados en sus crímenes, resistieren el suave impulso de la verdad y la justicia, y prefieren el escándalo de una guerra fraticida y legar a sus descendientes la infamia y el oprobio.
Seremos para siempre, libres, iguales e independientes.
Sería bueno que todas nuestras capitales fuesen campos militares.
Serviré con las armas hasta la muerte.
Si Bello quiere ser empleado de este país, que lo diga y se le dará un buen destino. Su patria debe ser preferida a todo; y él, digno de ocupar un puesto muy importante en ella. Yo conozco la superioridad de este caraqueño contemporáneo mío: fue mi maestro cuando teníamos la misma edad, yo le amaba con respeto. Su esquivez nos ha tenido separados en cierto modo, y, por lo mismo, deseo reconciliarme: es decir, ganarlo para Colombia.
Si el partido preponderante es militar o aristócrata, exigiría probablemente una monarquía, que al principio será limitada y constitucional, y después invariablemente declinará en absoluta.
Si es virtud la indulgencia, lo es, ciertamente, cuando es ejercida por un particular, pero no por un Gobierno.
Si hay una violencia justa, es aquella que se emplea en hacer a los hombres buenos; y, por consiguiente felices; y no hay libertad legítima sino cuando ésta se dirige a honrar a la humanidad y perfeccionarle su suerte.
Si la historia graba bien la grandeza de los hechos humanos, no dirá muchas bellezas que excedan a ésta.
Si la lisonja es un veneno mortal para las almas bajas, los elogios debidos al mérito alimentan las almas sublimes.
Si la naturaleza se opone a nuestros designios, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca.
Si la patria necesita de un soldado, siempre me tendrá pronto para defender su causa.
Si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro.
Si mis servicios tienen algún valor a los ojos del pueblo que el Congreso representa, <
Si no hay un respeto sagrado por la patria, por las leyes y por las autoridades, la sociedad es una confusión, un abismo; es un conflicto singular de hombre a hombre, y de cuerpo a cuerpo.
Si quieres elevarte a la categoría de hombre digno, procura ser, además de honrado y virtuoso, humilde y respetuoso.
Si se opone la naturaleza a nuestros designios, lucharemos contra ella, y la haremos que nos obedezca.
Si un gobierno descendiera a contentar la ambición y la avaricia humana, pensad que no existirían pueblos que obedeciesen. Es menester sacrificar en obsequio del orden y del vigor de nuestra administración, las pretensiones interesadas.
Si un hombre fuese necesario para sostener el Estado, este Estado no deberá subsistir, y al fin no existiría.
Si yo os amase más que a Bolivia, os aconsejaría alejaros de los crueles suplicios a que condena el ejercicio del poder supremo; más no. Bolivia es para vos, como para mi, nuestra hija predilecta: Junín y Ayacucho la engendraron: los libertadores deben mantenerla a costa de sus sacrificios.
Si yo fuese envidioso, apenas podría merecer el nombre de hombre.
Si yo me he excedido en mis atribuciones, es mía la culpa; pero yo consagro gustoso hasta mi inocencia a la salvación de la patria. Este sacrificio me faltaba, y yo me glorio de no haberlo ahorrado.
Siempre conservaré en mi memoria la gratitud que debo al gobierno de la Unión y jamás olvidaré que los granadinos me abrieron el camino de la gloria.
Siempre el ladrón tiene miedo de la Justicia.
Siempre es grande, siempre es noble conspirar contra la tiranía, contra la usurpación y contra una guerra desoladora e inocua.
Siempre las almas generosas se interesan en la suerte de un pueblo que se esmera por recobrar los derechos con que el Creador y la naturaleza lo han dotado; y es necesario estar bien fascinado por el error y por las pasiones para no abrigar esta noble sensación.
Siempre los tiranos se han ligado y los libres jamás. ¡Desgraciada condición humana!.
Siempre se debe creer lo contrario de lo que diga el enemigo.
Siempre verás al ignorante y necio darse humos de "talentoso" y "vivo".
Sin energía no resplandece nunca el mérito y sin fuerza no hay virtud, y sin valor no hay gloria.
Sin estabilidad, todo principio político se corrompe y termina siempre por destruirse.
Sin fuerza no hay virtud y sin virtud perece la República.
Sin igualdad perecen todas las libertades, todos los derechos.
Sin moral republicana no puede haber gobierno libre.
Sin responsabilidad, sin represión, el Estado es un caos.
Sobre mi corazón no manda nadie más que mi conciencia; ésta se encuentra tranquila y así no le inquieta cosa alguna.
Soldado por necesidad y por inclinación, mi destino está señalado en un campo o en cuarteles. El bufete es para mí un lugar de suplicio.
Soldados: Vais a completar la obra más grande que el Cielo ha podido encargar a los hombres: la de salvar un mundo entero de la esclavitud.
Solo ejércitos aguerridos son capaces de sobreponerse a los primeros infaustos sucesos de una campaña.
Solo la Democracia, en mi concepto, es susceptible de una absoluta Libertad.
Sólo la fuerza puede reprimir el ímpetu de las pasiones desencadenadas por el efecto de la revolución y de la guerra, e irritadas por la oposición; y sólo medidas fuertes y enérgicas pueden salvar a un país en vuelto en los furores de las pasiones y en los horrores del vicio.
Solo un gobierno temperado puede ser libre.
Solamente la ley o la sanción de muchas generaciones pueden apoyar a los gobiernos.
Someterse al enemigo es sellar nuestra suerte con una muerte ignominiosa; capitular, es rendirse a discreción.
Soy liberal por egoísmo y deseo la independencia de todo el continente por evitar una guerra en lo futuro.
Tendré que pasar por el dolor de girar contra el tesoro público, porque actualmente no tengo un peso de que disponer.
Tengamos una conciencia recta y dejemos al tiempo hacer prodigios.
Tengo en más un soldado de la ley que al conquistador del universo.
Tengo mi elocuencia aparte y no quiero sujetarme a políticos, ni a reyes ni a presidentes.
Todas las naciones americanas están en marcha hacia su ruina. Un hombre solo contra todos no puede lograr nada; este mundo es muy basto.
Todavía tengo menos inclinación a tratar del Gobierno Federal; semejante forma social es una anarquía regularizada, o más bien, es la ley que prescribe implícitamente la obligación de disociarse y arruinar al Estado con todos sus individuos.
Todo el cuerpo de la historia enseña que las gangrenas políticas no se curan con paliativos.
Todo gobierno libre que cometa el absurdo de mantener la esclavitud es castigado por la rebelión y algunas veces con el exterminio.
Todo lo que comporta mi honor lo he hecho ya por la salud de la patria.
Todos los pueblos del mundo que han lidiado por la Libertad han exterminado al fin a sus tiranos.
Todos se vuelven locos cuando me quieren hacer la guerra, porque está visto que hay una Providencia especial para mí.
Todos tenemos nuestra sombra divina o heroica, que nos cubre con sus alas de protección como ángeles guardianes.
Tomemos de Atenas su Areópago y los guardianes de las costumbres y de las leyes.
Triunfo absoluto, o nada, es mi divisa.
Un americano no puede ser mi enemigo ni aún combatiendo contra mí bajo las banderas de los tiranos.
Un crimen en todos los partidos es igualmente odioso y condenable: Hagamos triunfar la justicia y triunfará la libertad.
Un desengaño vale mas que mil ilusiones.
Un diplomático, debe ser todo reserva, misterio y doblez.
Un gobierno republicano ha sido, es y debe ser el de Venezuela.
Un hombre escaso de conocimientos generales no puede hacer todo, ni bien ni mal.
Un hombre sin estudios es un ser incompleto. La instrucción es la felicidad de la vida; y el ignorante, que siempre está próximo a revolverse en el lodo de la corrupción, se precipita luego infaliblemente en las tinieblas de la servidumbre.
Un magistrado republicano, constituido para esclavo del pueblo, no es otra cosa que una víctima.
Un mal que no se conoce, no se puede jamás curar.
Un militar no tiene virtualmente que meterse sino en el ministerio de sus armas.
Un necio no puede ser autoridad.
Un pacto con un mundo entero viene a ser nulo en la realidad.
Un papel acalorado suele descubrir el estado de un gobierno o de los gobernantes.
Un paso imprudente puede sepultarnos para siempre.
Un pueblo es esclavo cuando el gobierno, por su esencia o por sus vicios, huella y usurpa los derechos del ciudadano o súbdito.
Un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción.
Un pueblo que acaba de nacer y que ha sacudido, con las cadenas que lo aherrojaban, las leyes del gobierno español, puede recibir todas las mejoras que dicte la sabiduría. Bolivia tiene la ventura en sus manos.
Un sabio no muere nunca, pues no hace otra cosa que mejorar de carrera, pero su familia empeora de suerte.
Un soldado feliz no adquiere ningún derecho para mandar a su patria. No es el árbitro de las leyes ni del gobierno; es el defensor de la libertad.
Un trono espantaría tanto por su altura como por su brillo. La igualdad sería rota y los colores verían perdidos todos sus derechos por una nueva aristocracia.
Una batalla ganada o perdida, ni afianza ni destruye para siempre el crédito de un militar.
Una derrota pone alas a los pies de los vencidos y mete miedo en su corazón.
Una guerra bate los humores del cuerpo humano y los purifica; lo corrompido perece y solo la superabundancia de salud le sobrevive.
Una ley fundamental no puede ser sospechosa siquiera, como la mujer Cesar. La integridad debe ser su primer atributo.
Una mujer debe ser neutral en los negocios públicos. Su familia y sus deberes domésticos son sus primeras obligaciones.
Una sola debe ser la patria de todos los americanos, ya que todos hemos tenido una perfecta unidad.
Una vida de dolores no es vida, y la cama es la cama del tormento.
Una vida entera de merecimientos cubre un momento de flaqueza.
Una vida pasiva o inactiva es la imagen de la muerte, es el abandono de la vida; es anticipar la nada antes de que llegue.
Unión, unión, o la anarquía os devorará.
Uno de los mayores males del hombre es no tener carácter.
Usaré de una ilimitada clemencia con los que, advertidos de sus errores, se acojan al generoso indulto y vuelvan a formar parte de la familia colombiana.
Usted formó mi corazón para la libertad, para la justicia, para lo grande, para lo hermoso
Usted sabe que yo no se mentir, y también sabe Ud. que la elevación de mi alma no se degrada jamás al fingimiento.
Valor, riqueza, ciencia y virtudes: estas son las cuatro potencias del alma del mundo corporal: estas son las reinas del universo.
Venguemos a Sucre... Vénguese a Colombia, que poseía a Sucre; al mundo, que lo admiraba; a la gloria del Ejército y a la santa humanidad, ultrajada en el más inocente de los hombres.
Vosotros, fieles republicanos, marchareis a libertar la cuna de la independencia colombiana como los cruzados libertaron a Jerusalén, cuna del cristianismo.
Vosotros sois los resortes de que se vale la Divina Providencia para castigar la perfidia y la crueldad de los opresores de América.
Y así, estoy resuelto a irme a cualquier parte ... ¡Pero cómo llegaré! Daré compasión a mis enemigos.
Y si el pueblo de Venezuela no aplaude la elevación de sus bienhechores, es indigno de ser libre, y no lo será jamás.
Ya me tiene Ud. comprometido a defender a Bolivia hasta la muerte, como una segunda Colombia; de la primera soy padre, de la segunda soy hijo; así mi derecha estará en las bocas del Orinoco y mi izquierda llegará a las márgenes del Río de la Plata. Mil leguas ocuparán mis brazos, pero mi corazón se hallará siempre en Caracas: allí recibí mi vida, allí debo rendirla.
Ya es tiempo de esperar en reposo la muerte para medio vivir los peores años de la vida.
Ya no se puede mandar, sino por el amor del prójimo y por una profunda humanidad.
Yo amo menos los placeres que el Fausto, porque me parece que el Fausto tiene un falso aire de gloria.
Yo cifro mi gloria en servir bien y no en mandar; en vencer a mis enemigos y en ceder en todo la palma a mis ciudadanos.
Yo creo que la primera cualidad de las cosas es la existencia y que las demás son secundarias. Existamos, pues, aunque sea con nuestros defectos y dificultades, por al fin siempre
Yo contemplo con gozo inefable cuando las sombras de la opresión huyen ante la Libertad.
Yo deseo más que otro alguno, ver formar en América la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y su gloria.
Yo desprecié los grados y distinciones. Aspiraba a un destino mas honroso: derramar mi sangre por la Libertad de mi Patria.
Yo espero mucho del tiempo: su inmenso vientre contiene más esperanzas que sucesos pasados; y los prodigios futuros deben ser superiores a los pretéritos.
Yo estoy cansado de mandos, aunque nunca lo he estado menos que ahora, porque la lisonja me está colmando con sus favores y estoy viendo nacer los frutos de las plantas que hemos sembrado.
Yo he combatido por la Libertad y por la gloria; de consiguiente, juzgárseme tirano y con ignominia, es el complemento de la pena.
Yo he combatido por la Libertad y por la gloria, de consiguiente, juzgarme de tirano y con ignominia, es el complemento de la pena.
Yo he combatido por la Libertad y por la gloria, y no por mi engrandecimiento.
Yo he consagrado mi vida a la integridad de Colombia, a su libertad y a su dicha.
Yo he hecho lo que he podido por el bien de los hombres y de los buenos principios.
Yo imploro la confirmación de la Libertad absoluta de los esclavos como imploraría mi vida, y la vida de la República.
Yo imploro la Libertad absoluta de los esclavos como imploraría por mi vida y la de la República.
Yo juré en el fondo de mi corazón no ser más un soldado, servir solamente en la guerra, y ser en la paz un ciudadano.
Yo llenaré con gloria la carrera que he emprendido por la salud de mi patria.
Yo mismo soy el punto de reunión de cuantos aman la gloria nacional y los derechos del pueblo.
Yo moriré bien pronto, pero la República de Bolivia quedará viva hasta el fin de los siglos. Rómulo fundó una ciudad, y esta ciudad dio su nombre al imperio. Yo no he fundado ciudad alguna, y, sin embargo, mi nombre lo lleva un estado que tiene en su seno hombres amantes de la libertad, y entrañas de oro y plata.
Yo moriré como nací: desnudo.
Yo nada deseo en el mundo tanto como hacer a Venezuela todo el bien que dependa de mis facultades.
Yo no conozco más partido de salud que el de devolver al pueblo su soberanía primitiva para que rehaga su pacto social.
Yo no escribo a los que amo sino cuando necesito de ellos.
Yo no he sido construido para presidente sino para soldado.
Yo no llevo otro objeto que consagrarme todo al servicio de Venezuela, a la patria de los héroes, que desgraciadamente no es tan feliz como lo deseamos todos.
Yo no pido por recompensa más que el reposo y la conservación de mi honor.
Yo no quiero ahogar en el caos de la anarquía mi nombre y mis obras.
Yo no quiero el mando, mas si quieren arrebatármelo por fuerza o intrigas, combatiré hasta el último caso.
Yo no quiero lujo en nada, pero tampoco indecencia.
Yo no sé jamás degradarme a fingir y mucho menos a negar.
Yo no soy Napoleón, ni quiero serlo. Tampoco quiero imitar a César; menos aún a Iturbide. Tales ejemplos me parecen indignos de mi gloria. El título de Libertador es superior a cuantos ha recibido el orgullo humano. Por lo tanto, me es imposible degradarlo.
Yo nunca me retiraré delante de los peligros.
Yo pienso que mejor sería para la América adoptar el Corán que el gobierno de los Estados Unidos, aunque es el mejor del del mundo.
Yo poseo el sentimiento de la amistad y de la gratitud: por lo mismo, sus contrarios me son enojosos.
Yo prefiero ser aborrecido de la tierra que dejar de ser agradecido al ejército.
Yo quiero vivir libre y morir ciudadano.
Yo saldré gustosamente por el camino real y conforme se debe a mi honor.
Yo siento por lo presente y por los siglos futuros.
Yo siento que la energía de mi alma se eleva, se ensancha y se iguala siempre a la magnitud de los peligros.
Yo sigo la carrera gloriosa de las armas solo por obtener la gloria que ellas dan; por liberar a mi patria, y por merecer las bendiciones de los pueblos.
Yo soy con los soldados lo que los pródigos con el dinero, que cuando lo tienen no saben que hacer con él sino gastarlo.
Yo soy implacable contra la ignominia.
Yo soy irrevocable, como el destino, en los negocios de disciplina.
Yo soy religioso en mis promesas y mi gloria la fundo en cumplirlas porque mi ambición se limita a libertar mi país y a ser estimado como hombre de bien por mis coetáneos.
Yo soy un hombre diáfano.
Yo temo más a la paz que a la guerra.
Yo tendré la honra de ser soldado del gran ejercito americano reunido en el suelo de los incas, y enviado allí por toda la América meridional.
Yo tengo demasiada fuerza para rehusar ver el horror de mi pena.
Yo tiemblo de descender desde la altura en que la fortuna de mi patria ha colocado mi gloria.
Yo valdría algo si me hubiesen alabado menos.
Según los historiadores Julio Mancini el Marqués de Villa Urrutia y Américo Carnicelli, el Libertador Bolívar, se inició en la masonería en 1803, en la Logia "Lautaro", que funcionaba en Cádiz, España, donde también se iniciaron José de San Martín, Bernardo O'Higgins, José Miguel Carrera, Juan Martínez de Rosas, Gregorio Argomedo, Juan Antonio Rojas, José Marra Zapiola, Carlos Marra de Alvear, Bernardo Monteagudo y Mariano Moreno, todos ellos próceres de la Independencia.
Estos tres historiadores coinciden en afirmar que el año de la iniciación masónica del Libertador Bolívar, fue 1803. Otro historiador, el español Urrutia, señala la misma fecha, pero sostiene que la Logia no se llamaba "Lautaro", sino "Caballeros Racionales".
En Cádiz, había en 1803, dos logias masónicas: "Lautaro" y "Caballeros Racionales". La confusión viene por las visitas que solÍa hacer Bolívar a la segunda de las nombradas.
La Logia "Lautaro", fue fundada en 1800 por inspiración de Francisco de Miranda, quien residía en Londres, haciendo planes para una expedición libertadora a Venezuela. Dicen que sugirió ese nombre en homenaje al caudillo araucano, que venció al conquistador Valdivia en 1554, en Tucapel (Chile).
A pesar de que Miranda nunca estuvo en la Logia "Lautaro" de Cádiz, porque su cabeza fue puesta a precio por los españoles, desde Londres a través de amigos que viajaban a la Península Ibérica, mandaba cartas y de ese modo mantenía contacto con dicho centro masónico.
Más tarde, José de San Martín, fundó en Buenos Aires, Argentina, otra Logia "Lautaro", en recuerdo de la sociedad secreta de Cádiz. Después hizo lo mismo en Santiago de Chile y Lima, donde las Logias "Lautaro" fueron semillero de patriotas en la lucha por la independencia.
EL APRENDIZ
En 1801, cuando Bolívar tenía apenas 18 años de edad, contrajo matrimonio en Madrid, con María Teresa del Toro, sobrina del Márquez del Toro, su amigo de Caracas.
Después de viajar por Francia y otros países, regresó a Venezuela con su esposa para dedicarse a la administración de sus ricas propiedades rurales. Pero la felicidad le duró muy poco.
A los diez meses de permanencia en suelo venezolano, la fiebre amarilla acabó con la joven existencia de María Teresa del Toro, sumiendo a Bolívar en la desolación.
Huérfano y viudo a los veinte años, pues había perdido a su padre, madre y esposa, a merced de la soledad, anduvo varios meses recorriendo varios lugares de Venezuela, en callada tristeza, hasta que sus familiares lograron convencerle para que volviera a Europa.
Al fin un día de 1803, abordó un barco que lo llevó a Cádiz, España. Entonces ese puerto andaluz era la puerta de entrada a Europa, por su situación ventajosa para comunicar con América y África. AIIí vivían muchos extranjeros y gozaba de un interesante ambiente liberal.
A los pocos días de su arribo a Cádiz, el joven Bolívar hizo amistad con algunos intelectuales que frecuentaban la Logia "Lautaro", con los cuales conversaba sobre las ideas de libertad y la necesidad de luchar contra toda forma de opresión.
Atraído por ese pensamiento revolucionario, decidió ingresar a la Logia "Lautaro", donde conoció a otros latinoamericanos, como José de San Martín y Mariano Moreno, quienes más tarde también serían próceres de la Independencia.
En la Logia "Lautaro", a puertas cerradas se discutía sobre los principios de "libertad, igualdad y fraternidad", sobre la dignidad del hombre y la posibilidad de convertir en Repúblicas a las colonias españolas de América.
Lo cierto es que la Logia "Lautaro", hizo germinar en la mente de Bolívar, la idea de acabar con el dominio español en Venezuela, para sembrar desde allí la semilla de la libertad por el resto de Sur América.
El mismo Bolívar, diría años más tarde, que sin la muerte de su esposa, no hubiera realizado su segundo viaje a Europa e ingresado a la Logia "Lautaro", donde la masonería le mostró nuevos caminos.
Comentando ese episodio en la vida de Bolívar, afirman algunos historiadores, que sin la temprana desaparición de María Teresa del Toro, el impetuoso caraqueño no habría podido tener las ideas que le impulsaron a la lucha por la Independencia, viviendo plácidamente en Caracas o San Mateo. Su ingreso a la masonería y sus viajes le hicieron ver a los hombres ya las cosas de un modo diferente. La muerte de su esposa le puso muy temprano sobre el camino de la política, haciéndole seguir después el carro de Marte en lugar de seguir el arado de Ceres.
Ya iniciado en la masonería, Bolívar viajó a Madrid, de donde salió rumbo a Francia en mayo de 1804, acompañado de su amigo Fernando Toro, también venezolano y primo de su difunta esposa. Joven y rico, frecuenta los salones más elegantes y traba amistad con el sabio alemán Alejandro Humboldt, otro masón, recién llegado de su viaje científico por tierras de la América Austral.
En París, alternaba sus visitas a los círculos literarios, mundanos y políticos, con su asistencia a las logias masónicas y principalmente a la Logia "Madre Escocesa de San Alejandro de Escocia”, donde se encontró con su viejo maestro y amigo, Simón Rodríguez, quien era masón y enemigo de la monarquía española.
Simón Rodríguez, salió de Venezuela en 1797, por haber participado en el movimiento revolucionario de José María España y Manuel Gual. Entonces Simón Bolívar tenía sólo once años, pero mantenía intacto el recuerdo de su profesor humanista y rebelde.
El vínculo masónico y la admiración que Bolívar siempre tuvo por las ideas revolucionarias de Simón Rodríguez, selló la amistad de maestro y alumno, con un cálido abrazo de fraternidad. Desde entonces hasta el regreso de Bolívar a Venezuela por la ruta de los Estados Unidos, en 1806, siempre estuvieron juntos, hablando de política, participando en foros, visitando pueblos y sobre todo perfeccionando la idea de libertar a Venezuela.
EL COMPAÑERO
Bolívar, recibió el grado de "compañero", el segundo en la masonería simbólica, en una logia francesa el 11 de noviembre de 1805. Sobre esa ceremonia existe un testimonio fehaciente, guardado en el archivo del Supremo Consejo del Grado 33° para la República de Venezuela.
Desde que llegó a París, Bolívar frecuentaba la Logia "Madre Escocesa de San Alejandro de Escocia", donde acumuló la asistencia reglamentaria para hacerse acreedor al ascenso respectivo.
En la masonería simbólica nadie sube de grado sin haber llenado satisfactoriamente el requisito de la asistencia y el progreso en los conocimientos propios de la Orden. En 1805, Bolívar era un joven inteligente y estudioso, pero carente de influencia para lograr grados masónicos sin las condiciones exigidas por la institución.
El documento del ascenso de Bolívar al grado de "compañero", fue adquirido en París por el escritor venezolano Ramón Díaz Sánchez, quien antes de donarlo al Supremo Consejo del Grado 33°, en Caracas, lo hizo examinar por peritos en paleografía y por historiadores bien informados sobre la actividad masónica de Bolívar. Dicho documento escrito en francés, traducido al español dice textualmente lo siguiente: "A la Gloria del Gran Arquitecto del Universo, etc., El 11, día del mes 11° del Año de la Gran Luz 5805, los trabajos de compañero fueron abiertos al Este por el Q:. H:. de la Tour D' Auvergne. El Oeste y el Sur iluminados por los QQ:. HH:. Thory y Potu. La lectura de la última plancha trazada fue hecha y sancionada. El Venerable propuso elevar al Grado de Compañero al Q:. H :. Bolívar, recién llegado iniciado, a causa de su próximo viaje que está en víspera de emprender. El parecer de los HH:. fue unánime para su admisión y la sanción favorable; el Q:. H:. Bolívar fue introducido al Templo y después de las formalidades requeridas prestó al pie del Trono la obligación de uso, colocado entre los dos Vigilantes fue proclamado Caballero y Compañero Masón de la Resp:. Madre Log:. Escocesa de San Alejandro De Escocia. El trabajo fue coronado de una triple Houza, y el H:. habiéndolo agradecido tomó puesto a la cabeza de la Columna del Mediodía". "Los trabajos fueron cerrados de la manera acostumbrada.
(Fdo.) J. La Tour D'Auvergne, Venerable Maestro; (fdo.) Thory, Primer Vigilante; (fdo.) Potu, Segundo Vigilante; (fdo.) Jura De; (fdo.) P. Vidal, G:. de J:. del 33°; (fdo.) D'Auduar, 33°; (fdo.) Simón Bolívar; {fdo.) C. Abraham; (fdo.) Jeanne de la Salle".
Días después, con su flamante Grado de Compañero, Bolívar acompañado de su amigo y maestro Simón Rodríguez, emprendió un viaje de observación y estudio por Italia y Suiza.
En Roma, hizo su famoso juramento del Monte Sagrado, porque había cuajado en su mente la idea de luchar por la independencia de Venezuela.
EL MAESTRO
El mayo de 1806, cuando Bolívar ya preparaba su viaje de regreso a Venezuela, fue ascendido al Grado de Maestro, en la misma Logia "Madre Escocesa San Alejandro de Escocia", juntamente con los compañeros Manuel Campos, Antonio Bianchi, Crussaire y el conde Jean Sérurier, según se desprende de documentos impresos conservados en la Biblioteca Nacional de París. Ese hecho fue corroborado por los historiadores Julio Mancini y el Marqués de Villa Urrutia.
La Junta de Gobierno formada a raíz del pronunciamiento del 19 de abril de 1810, nombró una comisión integrada por Simón Bolívar, Luis López Méndez y Andrés Bello, para recabar de los gobiernos de la Gran Bretaña y de los Estados Unidos su apoyo decidido, especialmente en armas y recursos económicos.
Desde su regreso a Venezuela a fines de 1806, después de visitar los Estados Unidos, Bolívar, hasta agosto de 1810, no tuvo actividad masónica, salvo la visita que hizo a una Logia de Filadelfia y los contactos esporádicos que tenía con algunos miembros de las Sociedades Patrióticas, que sin ser logias masónicas propiamente dichas, agrupaban a personas con instrucción masónica como Juan Germán Roscio, Vicente Salías y Juan José de Landaeta.
Cuando llegó a Londres, en compañía del comisionado ordenador Luis López Méndez y del oficial primero de la Secretaría de Estado, Andrés Bello, tuvo en Francisco de Miranda el fraternal hermano masón y cordial amigo. Miranda, uno de los hombres más cultos de su época, brillante militar profesional y exquisito hombre de mundo, al igual que Simón Rodríguez, era repudiado por sus ideas revolucionarias por los mantuanos caraqueños.
Según contó más tarde Andrés Bello a su biógrafo Amunátegui, la Junta de Gobierno en las instrucciones secretas que les dieron, ordenó claramente lo siguiente: "Defenderse de Miranda o aprovechar sólo su concurso de algún modo que sea decente a la comisión”.
Miranda, era revolucionario y no estaba bien visto por la Junta de Gobierno de Caracas, pero Bolívar no hizo caso de la orden secreta y entabló con él estrecha amistad.
Entre el 19 de julio y el 10 de agosto de 1810, se produjeron las infructuosas conversaciones con el ministro Wellesley. Inglaterra que tenía a España como aliada en la guerra contra Napoleón, no quería inmiscuirse en la querella que suscitaron los patriotas venezolanos.
A fines de agosto, Bolívar que visitaba en sus ratos libres la logia masónica "La Gran Reunión Americana", fundada y dirigida por Miranda, fue confirmado en el sublime Grado de Maestro, en una ceremonia especial que se salía un poco de los ritos masónicos.
En el momento de su confirmación Miranda como acostumbraba hacerlo con todos los que recibían ese honor, le tomó a Bolívar el juramento siguiente: "Yo no reconoceré por gobernantes legítimos de mi Patria sino a los elegidos por la libre y espontánea voluntad del pueblo; y siendo el sistema republicano el más aceptable al Gobierno de las América, emplearé todos los medios que estén a mi alcance para hacerlo admitir a sus habitantes".
Este juramento que hizo Bolívar en el momento de recibir su confirmación de Maestro, es el quinto voto que exigía Miranda a los masones que llegaban a esa cumbre del simbolismo. Esta versión publicada por el historiador Américo Carnicelli, fue confirmada por el masón y prestigioso historiador argentino Bartolomé Mitre, en su libro sobre la organización de los 'Caballeros Racionales".
Miranda, con la gran personalidad que tenía, a la Logia "la Gran Reunión Americana", que funcionaba en Londres, le había impuesto algunas modalidades ajenas al ritual masónico. Por ese motivo, algunos escritores venezolanos, han tratado de cuestionar la autenticidad masónica de la confirmación de Maestro, que recibió Bolívar.
Otros escritores, han llegado al exabrupto de dudar de que Miranda fuera masón, lo cual además de ser un chocante irrespeto a la memoria de uno de los hombres más grandes que dio América, es una falacia para arrojar sombras sobre el pasado de la masonería venezolana, que tiene en Miranda no solo a su máximo mentor, sino al Padre de la Masonería Latinoamericana.
Bolívar, permaneció en Londres hasta el 25 de septiembre de 1810, fecha en que emprendió regreso a Venezuela en la corbeta "Saphire”. Miranda lo haría después el 10 de octubre en el barco "Avon".
EL GRADO 33°
En los últimos años han aparecido evidencias sobre la alta jerarquía masónica del Libertador Bolívar, la cual no se limitó al Grado de Maestro, sino que llegó a la cúspide del escocismo, que es el Grado 33°.
El Libertador Bolívar, en 1923, habla logrado indiscutible prestigio continental. Su nombre ocupaba con frecuencia la primera plana de los diarios más acreditados de los Estados Unidos, Inglaterra y Francia.
Una persona con esa bien ganada fama, siempre es merecedora de los más altos homenajes, principalmente de instituciones como la masonería que rinde culto permanente a los valores morales e intelectuales del hombre. Por eso no tiene nada de raro que el escocismo le haya otorgado los más elevados Grados Filosóficos, como hoy lo hacen las Universidades con los títulos de "Doctores Honoris Causa", con los personajes ilustres.
En el Museo Masónico de Nueva York, junto con muchas de las reliquias masónicas de los héroes de la Independencia de las América, se exhiben el mandil y el collarín del Libertador Bolívar, con los ornamentos propios del Grado 32°, Al respecto señaló un erudito masón norteamericano en una revista de la Gran Logia de Nueva York, que en los agitados años de la guerra de la Independencia, los grandes jefes, acumularon tal suma de poderes, que era perfectamente natural que les confirieran de un solo viaje los más altos grados del escocismo.
El Libertador Bolívar, no sólo era insigne héroe militar, sino extraordinario político, gran estadista, literato y pensador. Tenía méritos sobrados y brillantes para llevar en el pecho el collarín del Grado 32°. Por eso se explica que en el Museo Masónico de Nueva York, estén las referidas reliquias masónicas del Libertador.
Pero el historiador masónico venezolano, Celestino B. Romero, llegó más lejos. Después de una exhaustiva investigación, consiguió reunir suficientes pruebas, para informar en un libro que al Libertador Bolívar le fue otorga- do el Grado 33°, o sea el último del Rito Escocés Antiguo y Aceptado.
Celestino B. Romero, fue Gran Maestro de la Gran Logia de la República de Venezuela y Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo del Grado 33° para la República de Venezuela. Estudioso y dedicado a la investigación de la historia masónica, tenía acceso a los archivos de la Orden donde se guardan viejos y desconocidos papeles, algunos con antigüedad de más de 170 años.
En una de sus visitas al vetusto archivo, hizo un sensacional hallazgo. Encontró un amarillento documento que revela que en el año 1823, llegó a Caracas el l:. y P:. H:. José Cerneau, alto dignatario del Supremo Consejo de los Estados Unidos, con la misión expresa de conferir los máximos honores a los masones que se distinguieron en la lucha por la libertad de la Gran Colombia.
El I:. y P:. H:. José Cerneau, investido de amplios poderes, en nombre del Soberano Gran Consistorio de Jefes de la Alta Masonería de los Estados Unidos, según consta en el Boletín del Archivo Nacional en su número 2, publicación que dirigía el prestigioso historiador Vicente Dávila, en el mes de abril de 1824, instaló en diversos cuerpos a los siguientes Masones Grados 33°; Diego Bautista Urbaneja, Carlos Soublette, Andrés Narvarte, Lino de Clemente, Manuel M. Quintero, José de España, Vicente del Castillo, J. Porfirio Iribarren, José Marra Pelgrón, José Manuel Landa, Francisco Vicente Parejo, José Gabriel Lugo, José Manuel Morales, Santiago Mariño, Tomás José Sanabria, Marcelino de la Plaza, Felipe Estévez, José Remigio Martín, Ramón Landa, José Marra Lovera, Gerónimo Pompa, José Manuel Rivero, Manuel Cala, Juan José Cande, Francisco Carabaño, Judas Tadeo Piñango, Juan Bautista Monserrate, José Marra Ponce, Joaquín Tellechea, Manuel Vicente Huizi, Juan Maimó, José Santiago Rodríguez, Simón Bolívar, Rafael Lugo, Francisco Conde, José Manuel Olivares, José Cordero, Carlos Cornejo, José Marra de Rojas, Antonio Febres Cordero, José Marra del Castillo, Andrés Caballero, Juan M. Barry, George Woudwery, Leonardo Jiménez, José Tadeo Monagas, Diego Vallenilla, Manuel Maneiro, José Francisco Bermúdez, José Antonio Páez, Juan Bautista Arismendi, Manuel López de Umérez, Francisco Aranda, José Austria, Leonardo de Lorenzy, Matras Padrón, Rafael Guevara, Manuel Echeandía, Juan Escalona, Valentín Osío, José Manuel Gonell, Santos Michelena, José de Lima, Pedro Gual, Carlos Padrón, José Grau, Miguel Vargas, Esteban Escobar, Manuel Muñoz, Rafael Urdaneta, Ramón Machado, Agustín Armario, Tomás Yánez, Andrés Torrellas, Pablo de Michelli, Fernando Peñalver, Pedro Briceño Méndez, Rafael Hermoso, Juan Bautista Dalla Costa, José Freyres y José Blanco (Presbítero).
De acuerdo con esta lista publicada en abril de 1824 en el Boletín del Archivo Nacional y corroborada por las investigaciones que llevó a cabo el I:. y P:. H:. Celestino B. Romero, el Libertador Bolívar, si obtuvo el Grado 33°.
EL HEROE
Cuando llegó el 5 de julio de 1811, día en que el Congreso de la Provincia de Venezuela firma el Acta de la Independencia, Bolívar y Miranda a través de la Sociedad Patriótica, constituida por masones, presionaron para que los indecisos se pronunciaran por la emancipación. En momentos cuando la duda parecía apoderarse del Congreso, Bolívar, enardecido gritó: "Trescientos años de esclavitud no bastan?".
El 11 de julio, se produjo en Los Teques, la primera rebelión de los realistas, a los gritos de: "Viva el Rey y la Santísima Virgen del Rosario!". Días más tarde estalló en Valencia otro golpe contrarrevolucionario. El Marqués del Toro fue comisionado para someter la sublevación, pero le fue tan mal, que el General Francisco de Miranda tuvo que acudir en su ayuda.
A fines de 1811, el isleño Domingo Monteverde, oscuro oficial de Marina, pero feroz y lleno de odio contra la joven República, organiza un ejército y entra a Carora. El 26 de marzo de 1812, ya cuando la contrarrevolución de los españoles había tomado cuerpo, sacude gran parte del país un violento terremoto, que es utilizado por el clero reaccionario para decir a la asustada gente que era un castigo de Dios por haberse rebelado contra la autoridad del rey español.
Fue entonces cuando Bolívar demostró su pasta de Iíder, replica: "el cielo nada tiene que ver con nuestro movimiento para libertarnos del poder español... Si se opone la naturaleza, lucharemos contra ella y la haremos que nos obedezca!".
Los acontecimientos se precipitaron y la lucha por la independencia se generalizó en todo el país. El realista Monteverde avanza incontenible. El ejército patriota, indisciplinado, sin instrucción y carente de armamento, bajo el mando de Miranda, poco puede hacer para detener la ofensiva española.
Bolívar es el jefe de la importante plaza de Puerto Cabello, pero la traición echa por tierra a sus planes. Monteverde sigue avanzando y para no ser copado por los realistas, Bolívar, escapa a La Guaira por el mar.
Miranda, entre tanto, con sus 62 años de edad a cuestas, para evitar que Monteverde ahogue en sangre a Caracas, después de la traición del mantuano Casa León y tras de recibir la aprobación de la Junta Nacional, negocia con los realistas la capitulación.
Pero los chismes y las intrigas de los mantuanos, presentan a Miranda como "entreguista" en la última semana de julio de 1812. Un traidor, Manuel María de las Casas, el comandante de La Guaira que colaboraba con Monteverde y el licenciado Miguel Peña, finalmente persuadieron a Bolívar ya un grupo de oficiales, sobre la "culpabilidad" del viejo general caraqueño.
Bolívar, Chatillón y Montilla fueron los encargados de hacer preso al generalísimo, quien después fue entregado a los españoles. Bolívar logra embarcar para Curazao, de donde partió a Cartagena. Rápidamente consigue recursos y gente, para luchar en la zona del Magdalena, hasta llegar a Tunja. En mayo de 1813, convence al Gobierno de la Nueva Granada para que lo ayude a combatir a los españoles de Venezuela. Entra triunfalmente en Mérida y el 15 de junio, en Trujillo, proclama la guerra a muerte, como respuesta a los horrores cometidos por los realistas.
Peleando con indescriptible ardor se abre paso a Caracas, destruyendo tropas españolas bien pertrechadas. Esa titánica operación bélica que duró noventa días, es la que se conoce en la historia con el nombre de "Campaña Admirable". En Caracas, es aclamado Libertador, y continúa luchando con éxitos y fracasos, como la famosa batalla de Araure.
En 1814, el sanguinario Boves, al mando de llaneros, negros y mulatos, enloquecidos por la sed de sangre, había convertido en un infierno a gran parte del territorio venezolano. A Bolívar le tocó combatirlo en las dos batallas de San Mateo y en la primera batalla de Carabobo. En junio de 1814, Boves triunfa en La Puerta y avanza hacia Caracas. Perseguido por las hordas realistas, Bolívar se retira al Oriente. En Aragua sufrió un revés ante las fuerzas de Morales. Llega a Barcelona y con sus tropas diezmadas sigue a Cumaná y Carúpano, embarcándose finalmente rumbo a Cartagena, el 25 de septiembre de 1814, acompañado de Santiago Mariño.
En Tunja, el Congreso le tributó cordial recibimiento, otorgándole amplios poderes para la campaña de Santa Fe de Bogotá, que estaba en poder de los realistas. Expulsa a los españoles de esa ciudad y avanza sobre Santa Marta, para desalojar a los realistas. Entre tanto una nueva expedición militar llegó de España a Venezuela, aumentando los sufrimientos de los patriotas.
Bolívar, de Colombia se trasladó a Jamaica, donde escribió la célebre "Carta de Jamaica", en la cual hace un certero análisis de las causas de la derrota y de lo que debe hacerse definitivamente para lograr la libertad.
En Jamaica, Bolívar, desarrolló una laudable actividad intelectual y de organización para la nueva campaña militar en Venezuela. Uno de sus grandes colaboradores fue Luis Brión, más tarde Almirante de Colombia. El gobierno británico lo obligó a salir de Jamaica. Marchó entonces a Haití, donde encontró la fraternal acogida del Presidente Alejandro Petión, quien lo ayudó a regresar a Venezuela.
En 1815, Bolívar llegó a Margarita y de allí al mando de una expedición, donde Santiago Mariño, era el segundo jefe, partió a Carúpano, siguiendo después a Ocumare de la Costa. Proclamó la cesación de la guerra a muerte, el perdón de los españoles que se rindan y la libertad de los esclavos negros, cumpliendo así una promesa hecha a Petión.
Volvió a Haití por segunda vez y regresó a Venezuela en enero de 1817, llamado por Brión y Arismendi. Reorganizó el ejército patriota en Oriente y se instaló en Guayana, donde hizo una estrecha amistad con el entonces coronel Antonio José de Sucre.
Angostura, hoy Ciudad Bolívar; era la capital del Gobierno Revolucionario. Desde allí escribe a los revolucionarios de Argentina, Perú, Nueva Granada y entra en contacto con José Antonio Páez, que había tomado el control de los llaneros. Por esos días uno de los jefes patriotas, el general Piar trata de levantarse contra la autoridad de Bolívar, quien para mantener la disciplina del ejército se vio en la necesidad de ordenar su fusilamiento.
Desde Guayana, Bolívar entró a Calabozo, derrotando al general español Morillo. Ocupó los valles de Aragua, pero volvió a ser derrotado en La Puerta. Sin embargo, infatigable, volvió a Angostura, reorganizó el ejército, nombró su Gabinete y hasta se dio tiempo para fundar el periódico "El Correo del Orinoco". Seguidamente convocó el Congreso de Angostura y dirigió su proclama a los neogranadinos.
La Legión Británica aumentó las fuerzas de Bolívar. Entonces cruzó Los Andes para libertar a Colombia. Con tropas cansadas, mal vestidas y peor alimentadas, derrotó a los españoles en la Batalla de Boyacá, considerada por todos los historiadores como proeza militar y modelo de estrategia. Eso sucedió el 7 de agosto de 1819.
El Congreso de Colombia, agradecido confirmó a Bolívar como Jefe Supremo del Ejército y lo eligió Presidente de la República. El 17 de diciembre de 1819, su proposición para la unión de la Nueva Granada y Venezuela, fue aceptada por el Congreso.
En enero de 1820, Bolívar proclamó en Bogotá la creación de la Gran Colombia. En diciembre de ese mismo año, Bolívar se encontró con éste en la villa de Santa Ana, del Edo. Trujillo para firmar un armisticio, luego Morillo se retiró a España, dejando al general La Torre, como jefe del Ejército Español.
Cuando Maracaibo se adhirió a la revolución de la independencia, el general La Torre, creyó que se había roto el armisticio firmado por Morillo, decidió entonces hacer de nuevo la guerra al ejército de Bolívar.
El choque inevitable se produjo en la llanura de Carabobo, el 24 de junio de 1821, a las once de la mañana. Otra vez demostró Bolívar su gran capacidad de guerrero y genio organizador. Con la ayuda de los Llaneros de José Antonio Páez y de la Legión Británica, derrotó al ejército español. Con esa batalla quedó sellada la independencia de Venezuela.
Después de la liberación del Ecuador, surgió el problema de Guayaquil. El general argentino, José de San Martín, que había libertado Argentina y Chile y dominado parcialmente el Perú, con el titulo de Protector, deseaba que la provincia de Quito sea anexada al Perú. Bolívar que tenía el sueño de la Gran Colombia, rechazó esa idea. Luego de infructuosas negociaciones diplomáticas, Bolívar y San Martín decidieron entrevistarse en Guayaquil. Ambos luchaban por la independencia americana, pero tenían concepciones diferentes sobre la organización de los pueblos liberados.
En Guayaquil, Bolívar demostró su gran talla de político y diplomático. Fraternalmente, pero con argumentos contundentes, convenció a San Martín sobre la conveniencia de que las provincias de Quito y Guayaquil formen parte de la Gran Colombia.
Después de la entrevista de Guayaquil, Bolívar predicó la necesidad de una gran Asamblea de los Estados Americanos, de Tratados sobre dos grandes principios: el de utipossidetis y el de arbitraje. Contento con la liberación de Panamá, habló del istmo como de "la gran vía del universo".
San Martín, había desembarcado en el Perú el 8 de septiembre de 1820 y proclamado su independencia el 28 de julio de ese mismo año, recibiendo en agradecimiento el titulo de "Protector", pero las tropas realistas seguían intactas en la Sierra. San Martín dejó el Perú en septiembre de 1822. En 1823, las tropas realistas tomaron de nuevo Lima.
La batalla de Junín, el 6 de agosto de 1824, que dirigió triunfalmente Bolívar, con su célebre carga de caballería, produjo junto con la batalla de Ayacucho (9 de diciembre de 1824), la independencia definitiva del Perú.
Después de rehusar al Supremo poder que le ofrecieron en el Perú, Bolívar se trasladó al Alto Perú (hoy Bolivia), cuya liberación proclamó el 16 de mayo de 1825, constituyéndolo luego en República independiente el 6 de agosto del mismo año, con el nombre de Bolivia que el Congreso le puso en honor del Libertador, a quien confirió además el título de Padre de la Patria.
Bolívar, como Libertador y Fundador de Bolivia, procedió a su organización política, redactó su Constitución, estableció escuela, dictó numerosas leyes y trató de darle la fisonomía de Nación moderna. Pero sus obligaciones en el Perú, le obligaron a entregar el mando presidencial a su amigo y colaborador, el Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre, quien de ese modo fue el Primer Presidente de Bolivia, ya que el Libertador actuó como su Fundador.
De regreso a Lima, Bolívar fue nombrado Presidente Vitalicio, en 1826. Sin embargo, días más tarde partió para combatir la insurrección de Venezuela. Las intrigas y las desavenencias entre Páez y Santander, produjeron graves perturbaciones. Páez quería iniciar la revuelta pero fue contenido por Bolívar, quien entró triunfalmente en Caracas, en 1827. Regresó a Bogotá en 1828 y convocó la Convención de Ocaña para abril del año siguiente. Pero la división siguió avanzando en las sombras. El 25 de septiembre de 1828, en Bogotá, un grupo de conspiradores atentaron contra la vida del Libertador, el cual se salvó de la muerte gracias al coraje de Manuelita Sáenz.
En 1829, las intrigas empujaron al Perú contra Colombia, pero el Mariscal Sucre controló la situación en la batalla de Tarqui. La salud del Libertador desmejoraba por la vida agitada que llevaba constantemente. El 27 de abril de 1830 renunció al mando y se retiró al campo. Viajó a Cartagena con intención de embarcarse para Europa. En esa ciudad de la costa colombiana, recibió la infausta noticia del asesinato del Mariscal Sucre, en la montaña de Berruecos, el 4 de junio de 1830.
El 10 de diciembre se agravó su salud. Habló de nuevo a los pueblos, pidiéndoles la unión. Pero el mal que le aquejaba acabó con su vida el 17 de diciembre de 1830, en la Quinta San Pedro Alejandrino, en Santa Marta, Colombia, donde era atendido por el médico francés Próspero Reverendo y por sus amigos devotos. Por una ironía del destino, la casa donde falleció el Libertador era del español Joaquín de Mier.
Los restos del Padre Libertador Simón Bolívar, recién fueron repatriados en 1842, y trasladados al Panteón Nacional el 28 de octubre de 1877, durante el gobierno del masón Antonio Guzmán Blanco.
Muerte
Bolívar y Manuela se separan la mañana del 8 de mayo de 1830. Pocos días después, Bolívar emprende viaje a Cartagena de Indias con el Cm de trasladarse a Europa para cuidar su quebrantada salud. Manuela se queda en Bogotá a la espera de noticias y resoluciones del Libertador; pero éste emprende un viaje sin retorno, un verdadero vía crucis que concluirá con su muerte en San Pedro de Alejandrino el 17 de diciembre de 1830.
Los escritores han señalado que con la separación de Bolívar y Manuela, se termina la relación afectiva. Esta afirmación es falsa puesto que Manuela y Bolívar se siguen escribiendo, reclamando éste permanentemente la presencia de ella en diferentes comunicaciones como la de Soledad, el 10 de septiembre de 1830, la de Cartagena, el 20 de septiembre de 1830 y Turbaco, el 2 de octubre del mismo año, carta en la que Bolívar expresa desgarradoramente: "...Donde te halles, alli mi alma hallará el alivio de tu presencia aunque lejana. Si no tengo a mi Manuela, no tengo nada! En mi sólo hay los despojos de un hombre que sólo se reanimará si tu vienes. Ven para estar juntos. Ven te ruego. Tuyo, Bolívar". (1)
En aquellos días, Bolívar envía una plumilla hecha por José María Espinosa, poco antes de su muerte, con la siguiente leyenda: 'A doña Manuela Sáenz: Su Excelencia recuperado después de un ataque de bilis, ruega a usted un poco de su compañía...".
Manuela, preocupada por el estado de salud del Libertador, se encuentra en permanente contacto con su edecán Perú DeLacroix que se había comprometido a informarle sobre la
evolución de la enfermedad. Cuando DeLacroix le comunica que el estado de salud de Bolívar se agrava y que se espera el desenlace fatal, Manuela sale inmediatamente de Bogotá hacia San Pedro de Alejandrino. Pero cuando llega al pueblo de Guaduas recibe la noticia trágica, con gran desesperación…
No hay comentarios:
Publicar un comentario